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“Era la carrera del futuro y hoy, en muchos casos, el agrónomo termina reducido a firmar recetas”

Fuente: Infocampo 29/01/2026 09:01:56 hs

El decano de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario, Pablo Palazzesi, suma su análisis dentro del informe especial de Infocampo sobre la escasez de ingenieros agrónomos. El desfinanciamiento universitario y un sistema que "expulsa talento".

Una escena que relata Pablo Palazzesi, decano de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario, sobre un empleado que le pidió la renuncia para irse a trabajar de tractorista al campo no es simbólica ni exagerada.

Es concreta, reciente y profundamente incómoda para el sistema universitario argentino: un trabajador joven de la facultad, con formación no docente, presentó su renuncia a porque, sencillamente, le convenía más irse a trabajar como tractorista. El salario era mejor. El mensaje, devastador.

Eso que pasó sintetiza gran parte de lo que estamos viviendo”, resume el decano, sin rodeos, en diálogo exclusivo con Infocampo, reconociendo que el mismo camino están tomando muchos docentes.

Palazzesi conoce la facultad desde adentro y hace décadas. Se graduó como ingeniero agrónomo en 1994, cuando la institución aún funcionaba en Rosario, y desde 1998 su vínculo con la casa de estudios fue prácticamente ininterrumpido.

Pasó por el manejo del campo experimental, por el taller de prácticas profesionales y por distintos espacios de gestión hasta asumir el decanato hace dos años y medio. Hijo de productores, con los pies en la tierra y la cabeza en la planificación, hoy le toca conducir una institución atravesada por tensiones estructurales que exceden largamente lo académico.

La Facultad de Ciencias Agrarias de la UNR forma ingenieros para uno de los sectores más dinámicos de la economía argentina, pero lo hace en un contexto donde la innovación tecnológica avanza a una velocidad vertiginosa, mientras los recursos para sostener la estructura humana y pedagógica se achican.

“Tenemos que formar profesionales para un agro cada vez más complejo, pero con herramientas cada vez más limitadas”, admite Palazzesi. La paradoja, dice, es evidente: el campo demanda conocimiento, pero el sistema educativo que lo genera está en riesgo.

UN MODELO QUE CONTENGA A LOS AGRÓNOMOS

La entrevista de Infocampo con Palazzesi parte de la base de la decisión de abordar un problema que vienen mencionando diferentes referentes del sector agropecuario: la escasez de agrónomos en algunas zonas productivas.

Para Pablo Palazzesi, la respuesta no admite simplificaciones y obliga a mirar el problema desde una perspectiva más amplia.

– En el agro se escucha cada vez más que faltan ingenieros agrónomos. ¿Coincide con esa mirada?
Sí y no. Cuando yo empecé a estudiar, se decía que la agronomía era la carrera del futuro. Hoy, en muchos casos, el ingeniero agrónomo termina reducido a firmar recetas. Eso habla de un problema más profundo: no tenemos un contexto que alinee producción, sustentabilidad y seguridad alimentaria. Si existiera un marco normativo y productivo que obligara a pensar seriamente las rotaciones, el manejo del suelo y los sistemas integrados, la demanda de profesionales sería mucho mayor.

-¿Entonces el problema no es la cantidad de profesionales?
Exacto Si lográramos alinear sostenibilidad con producción, necesitaríamos muchos más ingenieros. Hoy lo que pasa es que el mercado laboral absorbe a los profesionales, pero no siempre los orienta hacia roles estratégicos de largo plazo.

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-¿Los ingenieros que se reciben consiguen trabajo?
Sí, todos. No tenemos ingenieros agrónomos de nuestra universidad sin trabajo. Se reciben y rápidamente consiguen empleo, muchas veces empezando en la venta de insumos y después migrando hacia lo que más les gusta o donde se sienten más cómodos profesionalmente. El problema no es solo cuantitativo. Es cualitativo y estructural. Mientras el sistema productivo absorbe profesionales, la universidad empieza a perder capacidad para sostener a quienes los forman.

EL DESFINANCIAMIENTO QUE “EXPULSA TALENTOS”

El momento más crudo de la entrevista aparece cuando la conversación gira hacia el financiamiento universitario. Palazzesi no habla en términos abstractos ni conceptuales: habla desde la gestión diaria de una facultad que pierde capital humano porque los salarios ya no alcanzan.

-¿Cómo impacta el contexto económico en el funcionamiento de la facultad?
Se nos complica el día a día. Quizás se jubila alguien con muchísima experiencia y el que viene atrás, con 35 o 40 años, te dice que no puede seguir porque en el sector privado le ofrecen el triple de sueldo.

-Usted contó un caso que generó mucho impacto. ¿Qué fue lo que pasó?
-Acabo de aceptar la renuncia de un joven no docente que se fue a trabajar con un productor como tractorista, simplemente porque le convenía más desde lo económico. Ese hecho, que parece anecdótico, es muy grave.

-¿Por qué es tan difícil reemplazar esas bajas?
Porque formar a alguien para que sea buen docente o incluso no docente lleva muchísimo tiempo. Preparar un curso, desarrollar una pedagogía, liderar un espacio curricular no se aprende de un día para otro. Y eso es lo que estamos perdiendo: gente que ya estaba en condiciones de conducir cátedras.

-¿Hay margen para revertir esta situación?
El gobierno tiene herramientas para resolverlo. El problema es que hoy estamos atrapados en un entramado que no nos permite avanzar. Y mientras tanto, seguimos perdiendo personas clave para el sistema universitario.

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CAMBIAR PARA NO QUEDAR ATRÁS

Aun en este contexto adverso, la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNR no se detiene. Palazzesi destaca como un hito reciente la implementación de un nuevo plan de estudios para Ingeniería Agronómica, pensado para adaptarse a un agro cada vez más diverso y tecnológico.

-¿Qué cambios introdujeron en la carrera?
Reducimos la carga horaria de 3.700 a 3.500 horas y flexibilizamos los últimos años. Hoy el abanico de trabajo de un agrónomo es infinito: podés dedicarte a ecofisiología, ganadería, sensores remotos, inteligencia artificial. No todos tienen que saber lo mismo. La tecnología, dejó de ser un elemento disruptivo para convertirse en parte de la rutina productiva.


-¿Cómo impacta la tecnología en la formación?
Hace tres años un dron pulverizando era una rareza. Hoy es algo completamente común. Por eso trabajamos mucho en atraer estudiantes, con jornadas de preingreso y visitas a colegios agropecuarios. Y los resultados comienzan a verse. Este año, la facultad recuperó los niveles de ingreso previos a la pandemia, con alrededor de 360 nuevos estudiantes. A eso se suma una fuerte articulación con el sector privado.

-¿Qué rol juega el vínculo con las empresas?
Es clave. A través de Extensión y Vinculación trabajamos con cooperativas, comunas y empresas en proyectos concretos. Si no estamos conectados con lo que pasa en el medio real, nos quedamos en la teoría.

PENSAR LA AGRONOMÍA DEL FUTURO

Cuando Palazzesi proyecta la facultad a 10 o 30 años, el foco vuelve a estar en las personas. Para él, uno de los grandes desafíos es repensar la duración de las carreras.

-¿Las carreras tienen que ser más cortas?
Sin dudas. Hoy el promedio de graduación es de ocho años y las nuevas generaciones no quieren pasar tanto tiempo en la universidad. Tenemos que pensar trayectos más ágiles, sin perder la formación generalista. El otro eje central es la interdisciplinariedad, una condición que debe considerarse indispensable para la agricultura que viene.

-¿Cómo imagina al ingeniero agrónomo del futuro?
No puede trabajar solo. Los problemas productivos, ambientales y sociales son complejos y requieren equipos donde trabajen agrónomos, veterinarios, abogados, contadores y especialistas en tecnología. Ese cambio de mentalidad es central.

En el cierre de la entrevista, Palazzesi sintetiza el desafío con una frase que funciona como advertencia: la tecnología ya está, el conocimiento también. Lo que está en riesgo es el sistema que debe sostenerlos. Si la academia no logra retener a quienes enseñan, el impacto no será solo universitario. Será productivo, ambiental y social. Y, como ya está ocurriendo, se sentirá mucho más allá de las aulas.

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