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El monocultivo ya es solo un mal recuerdo: en la zona núcleo se consolida el “1 a 1” de soja y gramíneas

Fuente: Infocampo 26/06/2026 11:27:57 hs

La Bolsa de Rosario estima que en la campaña 2026/27 la relación soja/gramíneas volverá a estar casi en condiciones de paridad. La mayor rotación no solo beneficia a los suelos, sino a la propia oleaginosa, que sembrada sobre rastrojos de maíz rinde más.

Reducir las retenciones no es solo un acto de justicia con el bolsillo de los productores: es tambíén un pasaporte una mejora a la sustentabilidad productiva.

Así lo deja en claro el informe semanal para la zona núcleo compartido en las últimas horas por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que aborda un tema muy importante: el crecimiento de la incorporación de lotes con gramíneas (trigo y maíz), que evitó que se siguiera prolongando el monocultivo de soja ocurrido hasta hace una década.

“La región núcleo confirma un cambio de paradigma: por segundo año consecutivo la relación soja gramíneas es casi de paridad. Y este cambio estructural termina sumando kilos a los rindes de la oleaginosa: una soja de alta producción necesita un antecesor de maíz”, resume el documento elaborado por la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la entidad rosarina.

LAS ROTACIONES LE GANARON AL MONOCULTIVO

Un gráfico elaborado por el área de estimaciones agrícolas de la BCR es elocuente: hace una década, la relación soja / gramíneas llegó a ser de más de 4 a 1; es decir, por cada hectárea con trigo o maíz, se implantaron cuatro de la oleaginosa.

Era en aquel entonces, el final de las gestiones de Cristina Fernández de Kirchner, con la alícuota de retenciones a la soja en 35%, un verdadero “mar de soja” en la región más productiva del país. Un incentivo al famoso “monocultivo” que desde el Estado tanto se criticaba, pero se impulsaba con las medidas económicas con un fin recaudatorio.

Luego, a partir de 2016, la reducción de derechos de exportación que realizó inicialmente la presidencia de Mauricio Macri cambió la ecuación, incentivando una mayor y saludable rotación de cultivos, que acabó en la actualidad con una relación que es casi de 1 a 1.

“En aquella época, el gran desafío del agro pasaba por enfrentar la caída abrupta de los índices de la fertilidad física y química de los lotes. También, las malezas y las plagas que cada año se iban volviendo más agresivas. Pero la relación soja/gramíneas —que indica cuántas hectáreas de soja se siembran por cada una de trigo y maíz—fue en el año pasado de 1,07. Hay que destacar que hubo record de siembra de trigo y maíz. Para el nuevo ciclo 2026/27 se estima en 1,14″, resume la GEA.

Y completa: “La región núcleo parece confirmar un cambio de paradigma dónde se busca potenciar la producción con rotaciones firmes y sostenibles. Cómo dicen los técnicos, para hacer una soja de alta producción se necesita un antecesor de maíz”.

LOS NÚMEROS DE MAÍZ, SOJA Y TRIGO

Una gran clave en este contexto es que, en una semana en la que se produjo una nueva baja de la urea que pasa a conseguirse en valores de 550 a 600 dólares la tonelada, las encuestas señalan una afirmación del maíz con una siembra similar al año pasado o incluso mayor. En tanto, en soja de primera se considera un 10% más y en trigo, una caída del 12%.

Citando técnico de la zona de Pergamino, la GEA subraya que “por las expectativas de un “Niño”, el reacomodamiento del precio del nitrógeno y la intención de realizar planteos tempranos y de alta tecnología, se está preparando una gran siembra maicera”.

En lo que respecta a soja “se prevé una presencia importante en los mejores ambientes por su menor costo de implantación y simplicidad de manejo, aunque persisten dudas sobre su rentabilidad”.

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¿MEJORA LA SOJA GRACIAS AL MAÍZ?

En este contexto, el informe insiste sobre un aspecto que también ayuda a que se mantenga la apuesta por las gramíneas: los resultados de las cosechas están indicando que terminan colaborando para una mayor producción sojera. 

“En los últimos años se viene comentando que la oleaginosa pierde terreno frente a los rendimientos de maíz, pero en las últimas dos campañas empieza a notarse una mejora en los resultados. ¿Qué es lo que está pasando? En las encuestas resaltan que es una combinación de factores donde se destaca un salto tecnológico en genética, una mejora en los planteos productivos y el efecto acumulado de las rotaciones, cuando el agua no es limitante”, plantea el estudio.

Por ejemplo, mencionan que en la campaña que está finalizando, los lotes de mayor potencial alcanzaron rendimientos cercanos a los 50 qq/ha en Corral de Bustos, mientras que en Colon se llegó hasta 80 qq/ha en ambientes con buena disponibilidad hídrica y napa.

En ese marco, uno de los principales motores del aumento de productividad fue el factor genético: los productores destacan especialmente la incorporación de variedades con nuevos eventos de tolerancia a herbicidas que permiten mejorar el control de malezas difíciles y simplificar el manejo.

Pero a esto se suma el cambio estructural en los sistemas agrícolas,con una mayor participación de gramíneas dentro de la rotación: “La soja implantada sobre rastrojos de maíz muestra un comportamiento diferencial respecto de los antiguos esquemas de soja sobre soja”, resaltan los técnicos.

EL PRÓXIMO DESAFÍO: LA FERTILIZACIÓN

A partir de ahora, según la GEA, la fertilización aparece como el próximo desafío para seguir elevando los techos productivos.

El problema puntual para esta campaña es que, si bien se observan oportunidades de mejora, como en micronutrientes, el aumento del costo del fósforo (por encima de los 1.000 dólares la tonelada) podría limitar la incorporación.

Asimismo, en General Pinto hablan de otro tema muy sensible para la soja: la fertilidad física. “Tenemos un problema importante de compactación sobre todo en suelos arrendados. Cuando llueve festejamos porque sacamos 50 quintales, pero tal vez nos perdemos 10 quintales por que la planta no puede explorar a mayor profundidad y eso en soja es un problema que se nota mas que en otros cultivos”, describen.

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