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Del derecho penal a la genética bovina: en Chascomús, la ley de los Ochoa es criar Angus de elite

Fuente: Infocampo 02/08/2026 09:51:49 hs

Una cabaña familiar de Chascomús, que hace apenas tres años debutó en Palermo, alcanzó el podio con “Toki”, un toro Angus colorado de 21 meses. Detrás del logro, la historia de José Ochoa, abogado penalista que encontró en el campo su "cable a tierra", y de su hijo Agustín.

En La Rural, entre cabañas con décadas de trayectoria, Agustín Ochoa posa junto a “Toki”, un toro Angus colorado, el tercer mejor macho que tuvo la última Exposición Nacional de Otoño de la “raza líder”.

Al momento de hablar con Infocampo, todavía reinaba la incertidumbre sobre el título final para Toki, ¿se llevaría un reconocimiento también en Palermo? Hoy, es posible afirmar que fue así. 

En la gran meca de la ganadería y la genética bovina argentina, la familia ratificó ese título desde adentro de las pistas más exigentes a nivel nacional, en una competencia que reunió a más de 2.000 ejemplares de las mejores cabañas de la Argentina. 

Detrás de esos minutos arriba de la pista hay años de trabajo genético y una historia familiar que empieza mucho antes: en la chacra de fin de semana.

LA HISTORIA DE LOS OCHOA Y LOS ANGUS

“Íbamos todos los veranos y los fines de semana a trabajar”, contó José Ochoa, papá de Agustín. Aunque describe a la chacra como “chiquita” —tenía ocho hectáreas— recuerda verla “como un palacio”. 

“El campo es como un cable a tierra”, dijo el abogado que hoy tiene 55 años, pero que se acercó a los petisos, a los animales y a las plantas en su juventud. Y es que, en Chascomús festejaban cumpleaños, cabalgaban y celebraban con amigos. Lo repetían cada fin de semana. Y cuando su padre vendió la chacra para poder terminar de construir su casa, él siguió en contacto con la naturaleza a través de un tío que lo llevaba a su campo. 


Después se fue a estudiar a La Plata y un profesor de la Universidad (UNLP) le abrió camino para hacer algunas prácticas ad honorem en un Juzgado Penal, donde luego trabajó.

“Lo que más me gusta es el derecho penal”, cuenta. Su papá también estudió abogacía y, ahora, su hijo va por el mismo camino. 

El crecimiento fue gradual: arrancaron alquilando campos —”La Margarita”, con Magdalena, la esposa de José— y fueron sumando superficie (350, luego 250 y 400 hectáreas) hasta concentrar los campos entre sí para optimizar el tiempo disponible. Una venta favorable de hacienda en un momento de precios altos, les permitió reinvertir y seguir expandiéndose. 

Hoy combinan un campo propio y uno alquilado, con el mismo esquema en ambos: la cabaña como núcleo genético, y el resto de los animales no registrados usados para mejoramiento y búsqueda de uniformidad. El proceso de selección incluye IATF (inseminación artificial a tiempo fijo), que exige un seguimiento constante de la vaca y decisiones permanentes. 

Algo habrá tenido el campo que su hijo Agustín “es de los cuatro hermanos el que toma más decisiones”. Y, según relató José, en ocasiones toma decisiones mayores. “Yo lo dejo”, afirma. Los dos comparten el gusto por el campo y hoy, Agustín, vuelve cada fin de semana. Como hacía su padre.  

Agustín Ochoa (el segundo, de izquierda a derecha) junto a compañeros y empleados de la cabaña, unos días antes de la jura Angus.

Para José, la diferencia entre ambos mundos es clara: en la abogacía los problemas son de las personas; en el campo, de la naturaleza. Es al aire libre, hay algo nuevo para hacer todos los días —una planta, un sembrado, un ternero, una vaca que pare, una gallina que puso un huevo— y eso lo ayuda a bajar la guardia que su profesión le exige. “Llego al campo, abro la tranquera y siento que el aire me oxigena y me da energía”, explicó. 

Esta combinación es posible, en parte, por vivir en la localidad con distancias breves como Chascomús. Además, el campo queda a 15 minutos de su casa, camino a Dolores.  “Me permite ir después del cierre de Tribunales”, explica José.

Con su pareja, Magdalena, tienen cuatro hijos: Ignacio (24), Pedro (23), Agustín (20) y Francisco (18), para quienes el campo es “su lugar de paseo y de amigos”. Ignacio también se acaba de recibir en abogacía. 

DE CHASCOMÚS A PALERMO

Don Sinforiano está ubicada en plena Cuenca del Salado y, en el proyecto de cría que confluye en la cabaña, colaboran unas 10 personas.

Hace tres años empezaron a llevar animales a Palermo para mostrar la genética que desarrollan: “Ejemplares fértiles, correctos y con buena capacidad de desplazamiento”, describe Agustín.

Propios de la zona, los animales tienen un frame más moderado, pastoril y rústico; están muy adaptados al ambiente.

La Rural también es un momento para compartir mates con amigos: “Vinieron a bancar”, afirma Agustín

José empezó con vacas de pedigrí para levantar el nivel del rodeo general. Después de probar distintas variantes, incluso trabajar con cerdos en algún momento, encontraron en la cría de Angus la actividad que les permite sostener a la vez la ganadería y el estudio. Trabajan con Angus Colorado y Negro, raza líder en la zona. 

El primer premio importante llegó en la Exposición de Otoño en Palermo: primer premio de categoría y tercero de la exposición general. El envión para llegar hasta ahí fue el premio Gran Campeón logrado con un toro negro en Brandsen, que ganaron el año pasado.

“Nos fuimos animando a medida que íbamos logrando buenos resultados en otras exposiciones”, reconstruye José. Y añade: “Ahí nos dimos cuenta que se podía”. 

Durante los días de exposición en Palermo, los hijos se quedaron en Buenos Aires mientras José siguió llevando el estudio a la distancia desde Chascomús.

“Es un esfuerzo muy importante de toda la familia poder concretar haber ido a Palermo”, reconoce. Son diez minutos arriba de la pista —dice— pero atrás hay años de desarrollo y el trabajo de muchas personas, más allá de la familia.

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