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La siembra directa “no trabaja sola”: en La Juanita, la rotación y la gestión de datos apuntalan la sustentabilidad

Fuente: Infocampo 15/08/2026 08:05:09 hs

La "gira internacional" que organizó Aapresid por la zona núcleo, incluyó una visita a un establecimiento en la zona de Marcos Juárez. Los participantes escucharon las claves para sacarle el máximo provecho a una de las regiones con los mejores suelos a nivel mundial.

Cuando Chad Lee, investigador de la Universidad de Kentucky, mencionó a los suelos de Marcos Juárez como unos de “los mejores del mundo”, subrayó algo conocido, pero quizás no tan valorado como se debería en Argentina.

Y a eso se suma que las otras grandes regiones con planicies de la misma calidad, que son el medio oeste noreamericano y Ucrania, no tienen un clima tan favorable como la zona núcleo argentina, donde los inviernos son “más benignos”, calificó.

Todo esto fue parte del análisis que hizo Lee tras volver del establecimiento La Juanita, con toda la mochila de información que se llevó luego de recorrer ese campo ubicado en el sudeste cordobés, una de las regiones que fue cuna de la siembra directa.

Fue el lunes 3 de agosto, un día antes del arranque del Congreso Aapresid en Rosario, durante una recorrida técnica que llevó a productores y especialistas de Bolivia y Brasil hasta los campos de la Cooperativa General Paz, en Marcos Juárez.

Luego, los participantes de la gira, de la que formó parte Infocampo, se dirigieron a dos fábricas de sembradoras ubicadas en Las Parejas. 

Un día en Las Parejas: el detrás de escena de dos fábricas que cuentan la historia de la siembra directa en Argentina

EL MODELO PRODUCTIVO DE “LA JUANITA”

Ahí, el ingeniero agrónomo Valentín Gentiletti presentó el trabajo de la Regional Los Surgentes – Inriville que la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) tiene en la zona.

Un grupo que nació hace 30 años sin un modelo extranjero que copiar, en medio de aquel gran movimiento que nacía en los 70 con una fuerza sin precedentes, porque los productores estaban creando algo nuevo.

Desde localidades como Monte Buey, Corral de Bustos, Monte Maíz y Marcos Juárez, esa semilla de curiosidad empezaba a sembrarse de una forma diferente a la labranza tradicional. Algo en esas ganas de innovar debió quedar intacto y atravesar generaciones de productores.

“Tengo un sentimiento de pertenencia con el grupo, muchos somos amigos”, contó Gentiletti, que empezó en el 2012 y continuó con el legado que le dejó su papá. Actualmente, 16 empresas y 22 miembros-socios conforman la Regional.

El ingeniero agrónomo y asesor, Valentín Gentiletti, en plena charla en la Cooperativa General Paz. (Gentileza Aapresid)

La producción de la zona se hace casi en su totalidad —un 95%— en secano, sin riego. Ahí, la atmósfera demanda más agua de la que llueve: registran una evapotranspiración promedio de 1.170 milímetros, frente a 890 de lluvia anual. 

“Nuestra principal limitante acá es el agua. Nuestra segunda principal limitante es el agua; la tercera, es el agua”, resumió Gentiletti. ¿El resultado? Un déficit hídrico promedio de 280 milímetros

A favor tienen el suelo: en su mayoría clases 1 y 2 Argiudoles y Hapludoles, con una capacidad excelente para almacenar agua en profundidad.

LOS TRES PILARES PARA SOSTENER LA SIEMBRA DIRECTA

Por eso insisten en que la siembra directa “no trabaja sola”, sino que se apoya en tres pilares —la SD misma, la rotación de cultivos y la gestión de datos— pensados para no desperdiciar ni un milímetro. Porque “no se trata solo de no labrar el suelo”.

  • Siembra directa: fundamental para cuidar y almacenar cada milímetro de agua en el suelo.
  • Rotación de cultivos: alternan cultivos de renta (maíz, soja y trigo) con cultivos de servicio, como vicia, centeno, triticale (en una proporción menor, algunos miembros se dedican a la ganadería vacuna). Esto, con una nutrición para evitar la degradación del suelo. Ahí es cuando la SD se vuelve una aliada contra el cambio climático y permite una doble captura del carbono en el suelo y una reducción del 40% de las emisiones de dióxido de carbono, según datos de la Regional. Esta combinación vuelve a los sistemas agrícolas más resilientes, permitiéndoles aguantar y adaptarse mejor tanto a los excesos como a la falta de agua. Hacia esa estabilidad productiva frente a las variaciones del clima va la Regional.
  • Gestión de datos: otro de los puntos clave es la información, como la gestión de datos de campañas analizadas desde 2011. O los que se desprenden del estudio de cuencas y la dinámica de la napa freática. “Para evaluar cómo desde el manejo podíamos intentar resolver ese problema, esta Regional creó una chacra experimental en 2018”, la Chacra Aapresid Los Surgentes-Inriville.

Bajo este panorama, Gentiletti puntualizó que “estos períodos de años húmedos y secos nos vienen pasando factura”.

En ese sentido, recordó el período 2016-2020, cuando la zona atravesó un ciclo de años muy húmedos con lluvias muy por encima del promedio y la napa freática ascendió hasta niveles muy cercanos a la superficie (50-80 centímetros).

Cristine Morgan, directora científica del Soil Health Institute en Estados Unidos, muy interesada en los suelos argentinos. (Gentileza Aapresid)

EL AGUA, MIRADA DESDE AFUERA

A un costado, Silvia Navarro, ingeniera agrónoma y analista de mercados radicada en San Pablo dijo que, de todo lo visto, a uno de los productores brasileños de la comitiva lo que más lo sorprendió fue el manejo del recurso hídrico (algo que en su país no se hace de la misma manera).

Ese productor era Yan Pereira, asesor agrónomo de chacras en el sur de Río Grande del Sur y el este de Uruguay. Su explicación fue climática: ahí reciben más volumen de lluvia en el año, pero solo un 30% cae durante los meses en que los cultivos de verano más la necesitan.

Acá “llueve menos volumen pero está distribuido más a los períodos de cultivo, entonces se aprovecha mucho más”, opinó.

Asimismo, agregó otro contraste: las napas freáticas que en Marcos Juárez aparecen a apenas 50-80 centímetros de profundidad, en su zona están mucho más abajo. Y sumó una diferencia de fertilidad: sus suelos, dijo, son “mucho más pobres” que los argentinos en aquella zona.

Marcos Juárez es una de las zonas con mejores suelos a nivel mundial. (Gentileza Aapresid)

Por su parte, Chad Lee cerró el punto con un matiz. Para él, el sistema argentino está “muy bien gestionado” y va más allá del rendimiento de la campaña 2025/2026. Pasa por la proyección de los productores que “piensan en la mejora del suelo a 10 o 20 años, no solo en el rinde del año”.

Más allá de que, como ingeniero agrónomo que piensa en el margen de mejora, “siempre se puede mejorar, no hay nada perfecto en ninguna parte del mundo”, valoró. 

DEL OTRO LADO DEL ALAMBRADO

Caytiba es la empresa agropecuaria familiar que abrió sus tranqueras para la recorrida. En total maneja 4.100 hectáreas —unas 3500 agrícolas y 600 ganaderas— repartidas entre los distintos miembros del grupo familiar.

“Amo esta actividad, pero no deja de ser una producción a cielo abierto con las dificultades que conlleva”, expresó a este medio Verónica Ballario, ingeniera agrónoma y parte de la cuarta generación al frente del campo.

En esa zona del sudeste cordobés, la recorrida se metió de lleno en el manejo agronómico y la guía técnica corrió por cuenta de Gentiletti y Ballario, aunque también estuvo presente su sobrino, Gerónimo, con quien administra la empresa.

En todo este desarrollo temático, alguien preguntó por la Brachiaria, esa gramínea tropical que en otras zonas del país se usa como cultivo de cobertura. En aquel campo de agricultura familiar, no tienen experiencia sembrándola porque tampoco depositan expectativas altas de prosperidad.

“Tiene ese hábito más tropical y acá no se adapta tan bien”, explicó Gentiletti, por los inviernos fríos de la región.

En su lugar, trabajan con triticale y centeno. “El centeno compite bien contra las malezas, pero genera mucha más biomasa”; el triticale, por ahora, no lleva fertilizante propio: se beneficia del nitrógeno que deja el maíz anterior, un cultivo que “secuestra mucho nitrógeno” por su alta relación carbono-nitrógeno, continuó el asesor.

Para calcular la urea, analizan el suelo antes de sembrar la gramínea, miden los nitratos entre 0 y 60 centímetros de profundidad y ajustan según una curva de respuesta propia, validada desde hace años. En un trigo de alto potencial apuntan a 160 kilogramos de nitrógeno por hectárea. Ese día el lote tenía 200 kilogramos de urea aplicados en presiembra.

La nutrida comitiva que visió campos y fábricas en la zona núcleo. (Gentileza Aapresid)

En este contexto, na de las estrategias que vienen probando es el maíz tardío, sembrado entre el 10 y el 15 de diciembre para atacar ambientes con problemas de agua. Las mediciones muestran que el suelo llega con más nitratos disponibles en diciembre (100 a 120 kilogramos de nitrato por hectárea) que en septiembre (50 a 60), producto de la mayor mineralización por temperatura. El costo es un barbecho mucho más largo.

También reconocieron un problema recurrente en sus suelos: estructuras laminares a unos 5 centímetros de profundidad. La receta que están probando es simple de nombrar y difícil de sostener: “gramínea, gramínea, gramínea”, combinada con una nutrición correcta.

“Si pongo una gramínea, pero no la nutro de manera adecuada, esto nunca lo voy a corregir”, resumió Gentiletti.

Fueron esas, en definitiva, las respuestas a preguntas de una comitiva que llegó de tres países distintos a mirar el mismo suelo: cómo se nutre, cómo se cuida el agua, y qué tan bien —o tan mal— se adapta lo que cada uno trae de su propia tierra.

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