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Científicos argentinos investigan la clorofila como indicador para detectar cultivos tolerantes a sequía

Fuente: Infocampo 19/08/2026 16:17:56 hs

Un equipo del INTA-Conicet estudió el comportamiento de las clorofilas frente a la sequía y encontró una herramienta simple, rápida y de bajo costo que podría facilitar la identificación de materiales con mayor resiliencia y sostener los rindes en escenarios de estrés.

La búsqueda de cultivos capaces de sostener su productividad frente a la sequía sumó una nueva herramienta: el monitoreo de la clorofila.

Investigadores del Instituto de Fisiología y Recursos Genéticos Vegetales (IFRGV) del INTAConicet determinaron que el seguimiento del verdor de las plantas puede utilizarse como un indicador para detectar materiales con mejor desempeño bajo condiciones de déficit hídrico.

El hallazgo adquiere relevancia en un contexto en el que el mejoramiento genético enfrenta nuevos desafíos.

Durante las últimas cinco décadas, buena parte del aumento de los rendimientos de cultivos como soja, maíz y arroz estuvo asociado a cambios en la arquitectura de las plantas y en la distribución de su biomasa.

Sin embargo, esas estrategias comienzan a encontrar límites biológicos y la mirada de los investigadores se concentra cada vez más en procesos fisiológicos, como la fotosíntesis.

“Si medimos las clorofilas que tiene la planta, podemos deducir su capacidad productiva bajo estrés”, explicó Mariela Monteoliva, especialista del grupo de Fisiología del Estrés Hídrico y Microorganismos (MEBA) del IFRGV.

EL “VERDE CLOROFILA”, SEÑAL DE TOLERANCIA A SEQUÍA

La fotosíntesis permite que las plantas transformen la energía solar en biomasa y, para que ese proceso funcione, las clorofilas cumplen un papel central. Cuando aparece el déficit hídrico, la mayoría de los cultivos acelera la degradación de estos pigmentos, disminuye su actividad fotosintética y, finalmente, resiente su rendimiento.

Pero no todas las plantas responden de la misma manera. De acuerdo con el estudio, genotipos tolerantes de soja, papa y distintos cereales tienen la capacidad de conservar niveles elevados de clorofila incluso frente a condiciones severas de falta de agua.

“Las plantas que conservan su verdor utilizan la energía lumínica de manera más eficiente”, señaló Carla Guzzo, investigadora del grupo. Esa relación entre la conservación de las clorofilas y la capacidad de mantener la producción abre la puerta a incorporar este parámetro como criterio de selección en los programas de mejoramiento genético.

En otras palabras, una planta que logra sostener su nivel de clorofila durante un período de estrés tendría mayores posibilidades de continuar fotosintetizando y generando granos o biomasa, aun cuando la disponibilidad de agua sea limitada.

Uno de los principales atributos de esta metodología es su accesibilidad. El contenido de clorofila puede medirse mediante dispositivos portátiles de mano, pero también a través de técnicas de laboratorio de alta precisión, como la cromatografía líquida de alta resolución (HPLC), e incluso mediante sensores remotos.

Esta diversidad de herramientas permitiría adaptar el monitoreo a diferentes escalas y necesidades. En particular, los medidores portátiles pueden convertirse en una alternativa de bajo costo para acelerar la evaluación de grandes cantidades de materiales, sin depender de infraestructura sofisticada.

“El monitoreo del contenido de clorofilas es una estrategia prometedora y, hasta ahora, subutilizada para identificar plantas tolerantes a la sequía”, destacó Guzzo.

Para los investigadores, el potencial está precisamente en transformar una característica visible -el mantenimiento del verdor- en información útil para la selección genética.

Así, el monitoreo fisiológico podría complementar las evaluaciones tradicionales y ayudar a encontrar con mayor rapidez aquellos genotipos capaces de sostener su desempeño cuando el agua se convierte en el principal factor limitante.

El aporte también cobra importancia frente a sistemas productivos expuestos a una mayor variabilidad climática. En ese escenario, identificar cultivos capaces de mantener su actividad fotosintética y su productividad durante períodos de sequía podría convertirse en una pieza más de una agricultura orientada a mejorar su resiliencia y estabilidad productiva.

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