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Cada vez se brinda menos: La cosecha de uva argentina registró una de sus peores campañas y la producción de vino retrocedió casi 10% en un año

Fuente: Bichos de Campo 23/10/2026 16:26:50 hs

Según el informe anual del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), la cosecha de uva alcanzó los 18.613.527 quintales en 2026, frente a los 19.908.335 quintales del año anterior. La diferencia fue de casi 1,3 millones de quintales, representando una caída de 6,5%. Además, el volumen quedó un 9,2% por debajo del promedio de las últimas

Según el informe anual del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), la cosecha de uva alcanzó los 18.613.527 quintales en 2026, frente a los 19.908.335 quintales del año anterior. La diferencia fue de casi 1,3 millones de quintales, representando una caída de 6,5%. Además, el volumen quedó un 9,2% por debajo del promedio de las últimas diez campañas.

La comparación con el período reciente muestra la dimensión de una vendimia que, con la excepción de la campaña 2023 golpeada por la sequía, se ubicó entre las más bajas de la historia vitivinícola argentina. El retroceso también se trasladó a las bodegas, aunque con diferencias según el producto elaborado.

La producción de vino cayó de 10.771.719 hectolitros en 2025 a 9.700.421 hectolitros en 2026, es decir, un 9,9%. La baja estuvo marcada por los tintos, cuya elaboración se redujo un 14,8%, hasta los 6,67 millones de hectolitros. Los rosados tuvieron una caída todavía más pronunciada, del 60,7%, mientras que los blancos crecieron un 13,1%, hasta los 2,86 millones de hectolitros.

La distribución territorial volvió a mostrar el peso de las principales provincias vitivinícolas. Mendoza aportó el 70,7% de la uva cosechada en el país y San Juan, el 23,1%. Las otras 15 provincias reunieron el 6,2% restante.

Entre las variedades, el Malbec encabezó la producción, con el 20,4% del total. Le siguieron Cereza, con el 18,7%; Bonarda, con el 8,6%; y Criolla Grande, con el 8,5%. La caída no fue pareja entre los distintos grupos varietales. Las uvas tintas disminuyeron un 13,2% respecto de 2025 y las rosadas, un 2,7%. Las blancas, por el contrario, aumentaron un 6,7%.

La mayor parte de la cosecha tuvo como destino la elaboración industrial. El 97,4% de la uva ingresó a bodegas o fábricas de mosto, mientras que el 2,6% restante se destinó a secaderos de pasas y establecimientos productores de uva en fresco.

En paralelo al retroceso del volumen general, el informe del INV registró avances en dos características de la producción. En 2026 se cosecharon 703.227 quintales de uva orgánica, equivalentes al 3,9% del total nacional. La producción se distribuyó en 12 provincias. La participación de esta modalidad fue particularmente alta en algunas jurisdicciones. Chubut encabezó la lista, con el 54,9% de su cosecha certificada como orgánica, seguida por San Luis, con el 50%; La Rioja, con el 23,9%; y Neuquén, con el 10,6%.

La mecanización también ganó lugar en la vendimia. Del total de uva destinada a la elaboración de vinos y mostos, el 22% se cosechó mediante máquinas, lo que equivale a 3.998.483 quintales.

La adopción de esta tecnología presenta diferencias importantes según la provincia. La Pampa registró una participación del 94,1% de cosecha mecánica y Neuquén, del 87,1%. En Salta llegó al 40,9%, mientras que en Mendoza alcanzó el 23,1% y en San Juan, el 16%.

La menor disponibilidad de uva también se reflejó en la actividad de las bodegas, aunque no todos los productos siguieron la misma tendencia. Mientras la elaboración de vino cayó casi un 10% interanual, la producción de mosto creció y amortiguó parcialmente el retroceso del conjunto de la industria vitivinícola.

La cifra productiva es la segunda más baja de la serie de los últimos diez años que publica el organismo, solo por encima de la campaña de 2023, cuando la sequía había provocado un derrumbe mucho más severo. La comparación confirma que la vitivinicultura volvió a cerrar una cosecha de bajo volumen, con una merma que alcanzó tanto a la materia prima como a uno de sus principales productos industriales.

En total, 871 establecimientos, entre bodegas y fábricas de mosto, recibieron uva durante la campaña. Fueron 25 menos que en 2025. A esos establecimientos ingresaron 18.134.281 quintales, un 6,5% menos que el año anterior.

La actividad destinada al consumo fresco continúa teniendo una participación acotada. Según los datos declarados ante el INV, durante 2026 se destinaron 30.809 quintales a distribuidores de uva para ese mercado. Entre las variedades más utilizadas figuraron Red Globe, Superior Seedless, Cereza y Flame Seedless.

La producción de pasas, en cambio, registró una mejora. Los secaderos recibieron 448.437 quintales, un 21,8% más que en 2025. Flame Seedless representó el 56,1% de esa uva, seguida por Fiesta, con el 18,5%; Arizul, con el 10,6%; y Selma Pete, con el 6%.

Estos destinos tienen una escala muy inferior a la elaboración de vinos y mostos, pero ayudan a explicar cómo se distribuye la producción y qué variedades abastecen a cada segmento.

La campaña 2026 deja así un balance con dos caras. Por un lado, la cosecha se redujo un 6,5% y la elaboración de vino cayó casi un 10%, en una de las vendimias más flojas de la última década, si se deja aparte la sequía de 2023. Por otro, el mosto creció y la producción orgánica y la mecanización muestran una presencia cada vez más visible en distintas regiones del país.

El desafío para el sector sigue siendo producir y elaborar en un escenario de menor volumen, mientras conviven cambios en las variedades cosechadas, en los destinos industriales y en la tecnología utilizada para levantar la uva.

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