Los dilemas de la agronomía: Leandro Ullrich, que prueba para Nidera las semillas que se venderán dentro de varios años, advierte que el suelo no se puede cuidar con contratos de una campaña
Cuando algún amigo le pregunta de qué trabaja, Leandro Ullrich recurre a una comparación que permite salir por un rato del lenguaje de los semilleros. “Si vos te vas a comprar un auto, nosotros lo que hacemos es probar el auto que va a salir dentro de tres años”, explica a sus conocidos. Solo que
Cuando algún amigo le pregunta de qué trabaja, Leandro Ullrich recurre a una comparación que permite salir por un rato del lenguaje de los semilleros. “Si vos te vas a comprar un auto, nosotros lo que hacemos es probar el auto que va a salir dentro de tres años”, explica a sus conocidos. Solo que en su caso los vehículos son semillas y la pista de pruebas está distribuida en cientos de ensayos en las diferentes regiones agrícolas argentinas.
El entrerriano Ullrich es ingeniero agrónomo y gerente de Desarrollo de Productos de la semillera Nidera. Trabaja en ese espacio que conecta el mejoramiento genético con el área comercial: evaluar los materiales que podrían llegar al mercado, descubrir dónde funcionan mejor y establecer qué manejo necesitan para expresar su mejor potencial.
No imaginaba ese destino cuando estudiaba. Le gustaba la genética y trabajó un tiempo en mejoramiento, pero la carrera le fue abriendo otras posibilidades. Hoy disfruta de tener a disposición una enorme sala de ensayos a campo abierto. “Si me decían: ‘Vas a dedicarte a esto’, creo que de nuevo hubiese tratado de hacer el mismo camino para llegar acá”, cuenta.
Según describe Ullrich, el proceso de evaluación de un híbrido puede demandar entre cinco y siete años. Y la selección es severa: de unos 18.000 a 20.000 híbridos probados al comienzo, puede terminar llegando uno al mercado.
En Nidera ese trabajo abarca trigo, soja, maíz y girasol, con especial atención en estos dos últimos cultivos. Elegir una semilla no consiste solamente en encontrar la que más rinde en una parcela. Ullrich explica que se busca reunir rendimiento, estabilidad, comportamiento sanitario y resistencia al quebrado del tallo, entre otras características. En maíz, además, interesa conocer cómo responde un mismo híbrido en siembras tempranas y tardías.
Argentina tiene demasiadas diferencias entre ambientes y formas de producir como para resumir todo con una cifra de potencial rendimiento. El desarrollo de productos al que se dedica este agrónomo consiste, en buena medida, en entender esas diferencias y convertir los resultados de los ensayos en recomendaciones.
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Pero aparece la pregunta incómoda: ¿se puede conservar el entusiasmo por la agronomía cuando hay una marca detrás? ¿Qué pasa si el producto que hay que ofrecer tiene alguna limitación?
Ullrich sostiene que trabajar para un semillero implica también reconocer esas limitaciones. “Por supuesto que tienen debilidades”, dice sobre los materiales. Pero recuerda que también en ese caso lo que más conviene es ser francos con los clientes. Por ejemplo, para ciertas semillas ellos recomendaban bajar la densidad de siembra porque esos maíces presentaban susceptibilidad al quebrado.
Lo mismo sucede, plantea, cuando un material no se adapta a determinada región: corresponde indicar que allí no debe sembrarse. “Siempre mostrar la realidad”, define como criterio. Es la posición que defiende desde su trabajo: el respaldo de una recomendación debe surgir de las pruebas y contemplar tanto las fortalezas como las debilidades de cada material para la siembra.
El agrónomo encuentra varios motivos de orgullo para su profesión en la Argentina. Destaca la eficiencia con la que se utilizan los recursos disponibles y la circulación del conocimiento entre colegas. También menciona la siembra directa, especialmente valiosa en su Entre Ríos natal, donde las pendientes y los suelos plantean problemas de erosión hídrica peligrosos para los campos.
Ullrich celebra que haya crecido la conciencia ambiental desde que se recibió, trece años atrás, aunque todavía queda trabajo por hacer. “A veces creo que tenemos que pensar un poquito más en cuidar el recurso ambiente”, reconoce.
El suelo ocupa el primer lugar en esa preocupación. Menciona el aporte de rastrojos del maíz y la necesidad de incluirlo en rotaciones pensadas a largo plazo. También habla de fertilización y de obras para conducir el agua excedente, como las terrazas.
“Todas esas cosas se pueden hacer cuando hay arreglos a largo plazo. En cambio, cuando el arreglo o el contrato de un campo es a muy corto plazo, por un año, es muy difícil pensar en algo a futuro”, advierte el profesional.
Ullrich trabaja todos los días con semillas que necesitan varios años de pruebas antes de llegar a manos del productor. Para cuidar el suelo donde serán sembradas, enfatiza este profesional, también hace falta disponer de tiempo.
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