¿Quién es Camil Alimentos? Nacida en el sur de Brasil, esta corporación vende 2,2 millones de toneladas de alimentos e hizo del arroz un negocio millonario
El arroz fue el punto de partida de Camil Alimentos, una compañía brasileña que comenzó a operar en el sur de Brasil y terminó construyendo un negocio que abarca buena parte de la cadena alimenticia de América Latina. Hoy compra granos a productores, los procesa, envasa y distribuye, además de comercializar azúcar, pastas, café, galletitas
El arroz fue el punto de partida de Camil Alimentos, una compañía brasileña que comenzó a operar en el sur de Brasil y terminó construyendo un negocio que abarca buena parte de la cadena alimenticia de América Latina. Hoy compra granos a productores, los procesa, envasa y distribuye, además de comercializar azúcar, pastas, café, galletitas y conservas de pescado.
En su último ejercicio anual vendió 2,26 millones de toneladas de alimentos y facturó 11.115 millones de reales (unos 2.158 millones de dólares), con operaciones en seis países y exportaciones a más de 60 mercados.
Su historia comenzó en 1963 en Itaqui, una ciudad del estado de Rio Grande do Sul, cerca de la frontera con Argentina. En aquel momento, el cultivo de arroz se estaba expandiendo en el sur brasileño, favorecido por las condiciones productivas de la región. Camil surgió vinculada con una cooperativa de productores arroceros y comenzó a desarrollar su actividad alrededor del almacenamiento y la comercialización del cereal.
Durante sus primeros años, el arroz se vendía habitualmente a granel. En 1974, la empresa empezó a distribuirlo en paquetes plásticos de cinco kilos, una presentación que después se extendió en el mercado brasileño. Al año siguiente abrió un centro de almacenamiento y distribución en San Pablo, mientras que en 1985 incorporó un molino arrocero en esa ciudad.
La diversificación comenzó en 1987, cuando agregó porotos a su oferta. Durante los años siguientes amplió su presencia comercial, trasladó su sede a San Pablo e incorporó capital de inversión estadounidense. A partir de la década de 2000, ya bajo el control de la familia Quartiero, inició una etapa de compras de empresas y marcas que modificó su dimensión.
Una de las operaciones más importantes se concretó en 2007, cuando adquirió Saman, una de las principales compañías arroceras de Uruguay. La compra le permitió ingresar de lleno en el negocio internacional del arroz, incorporar instalaciones industriales y desarrollar una plataforma exportadora desde uno de los principales países productores de la región.
Después avanzó hacia Chile, Perú y Ecuador, mientras que en 2025 sumó operaciones en Paraguay mediante la adquisición de Villa Oliva. Con esas incorporaciones, Camil pasó a tener presencia industrial y comercial en seis países: Brasil, Uruguay, Chile, Perú, Ecuador y Paraguay.
El negocio arrocero funciona de distintas maneras según el país. En Brasil, la compañía compra granos a precios de mercado y trabaja con una red de productores y proveedores. En Uruguay, a través de Saman, mantiene una relación estrecha con los agricultores, a quienes ofrece servicios de almacenamiento y mecanismos de financiamiento vinculados con la producción.
La empresa también utiliza sus operaciones uruguayas para abastecer otros mercados. Parte del arroz que comercializa en Chile y Perú proviene de Saman, mientras que otra parte se adquiere localmente. De esa manera, combina compras a productores, procesamiento industrial y operaciones comerciales entre sus propias subsidiarias.
La escala de esta estructura es considerable. Según su presentación institucional de junio de 2026, Camil contaba con 34 instalaciones de procesamiento y 26 centros de distribución en América Latina, además de aproximadamente 7.500 empleados. De las plantas industriales, 28 estaban vinculadas con el procesamiento de granos: diez en Brasil y 18 en sus operaciones internacionales.
La compañía también opera instalaciones destinadas al envasado de azúcar, elaboración de pastas, producción de galletitas, procesamiento de café y fabricación de conservas de pescado.
El arroz continúa siendo una de las actividades centrales, pero Camil dejó de depender exclusivamente de ese cereal. En Brasil comercializa arroz y porotos bajo las marcas Camil, Namorado, Pop y Carreteiro, entre otras. En Uruguay utiliza marcas como Saman y La Abundancia; en Chile, Tucapel; en Perú, Costeño; y en Ecuador, Rico Arroz.
El crecimiento hacia otras categorías se aceleró con nuevas adquisiciones. La compañía incorporó las marcas Coqueiro y Pescador, vinculadas con las conservas de pescado, y avanzó en el negocio azucarero con la compra de União, una de las marcas tradicionales del mercado brasileño.
Posteriormente sumó la fabricante de pastas Santa Amália, desarrolló su negocio cafetero con las marcas Seleto y Café Bom Dia, y amplió su participación en galletitas mediante la incorporación de Mabel y la licencia para comercializar productos bajo la marca Toddy.
En el caso del azúcar, su modelo también se diferencia del de los ingenios. Camil no necesita cultivar caña ni operar una estructura agrícola propia para participar del negocio. La compañía mantiene contratos de abastecimiento, entre ellos uno de largo plazo con Raízen, y concentra su actividad en el envasado, la distribución y la venta.
Algo similar ocurre con el café. La empresa compra materia prima a proveedores, la procesa y comercializa bajo sus marcas. En su presentación institucional informó que trabaja con más de 130 proveedores ubicados cerca de su planta de procesamiento.
En conjunto, estos negocios permiten entender por qué Camil pasó de ser una empresa arrocera a convertirse en un grupo alimenticio diversificado. Sin embargo, el peso de los granos sigue siendo determinante en su actividad. Durante el ejercicio 2025, cerrado el 28 de febrero de 2026, las ventas de arroz, porotos y azúcar en Brasil alcanzaron 1,25 millones de toneladas, mientras que las categorías de pastas, galletitas, café y conservas sumaron otras 198.600 toneladas.
A esas cantidades se agregaron 809.800 toneladas comercializadas en los mercados internacionales, principalmente vinculadas con el arroz. Así, el volumen consolidado de la compañía llegó a 2.256.800 toneladas, un crecimiento del 6,7% respecto del ejercicio anterior.
El desempeño fue desigual entre los distintos negocios. Mientras las operaciones internacionales aumentaron sus volúmenes 30,6%, las ventas de granos y azúcar en Brasil retrocedieron 4,1%. Las categorías de mayor valor agregado, en cambio, crecieron 2,8%.
La expansión internacional estuvo impulsada principalmente por Uruguay y por la incorporación de Paraguay. En Brasil, la empresa enfrentó un escenario de menores precios agrícolas, especialmente del arroz, que afectó directamente sus ingresos.
De hecho, durante el ejercicio 2025, el precio promedio de la materia prima arroz cayó 41%, según los indicadores utilizados por la compañía. El precio promedio de venta de sus productos de alta rotación en Brasil también retrocedió 21,8%.
Esa situación explica una de las particularidades del último balance: Camil vendió más toneladas, pero facturó menos. Los ingresos netos disminuyeron 9,4%, hasta 11.115 millones de reales (unos 2.158 millones de dólares), frente a los 12.263 millones del ejercicio anterior.
El EBITDA alcanzó 915,3 millones de reales (aproximadamente u$s178 millones), una mejora del 0,9%, mientras que el margen operativo medido por ese indicador pasó de 7,4% a 8,2%. Sin embargo, la ganancia neta cayó 31,6%, hasta 148,5 millones de reales (unos 28,8 millones de dólares).
La compañía destinó además 463,4 millones de reales (cerca de 90 millones de dólares) a inversiones durante el ejercicio, sin contar adquisiciones. Los fondos se orientaron a proyectos industriales, mejoras operativas y ampliación de capacidades en distintas unidades del grupo.
Una de esas inversiones tiene una relación directa con la actividad arrocera. En Rio Grande do Sul, Camil comenzó a poner en marcha una nueva planta en Cambaí, asociada con una central de generación eléctrica que utilizará la totalidad de la cáscara de arroz producida por sus operaciones en esa región.
La cáscara es uno de los principales subproductos del procesamiento industrial del arroz. Su utilización como combustible permite generar energía a partir de biomasa y aprovechar un material que se obtiene durante la molienda.
Los últimos resultados disponibles, correspondientes al segundo trimestre del ejercicio 2026, mostraron que el contexto comercial seguía siendo complejo. Entre junio y agosto, Camil vendió 604.700 toneladas de alimentos, un 4,6% menos que en el mismo período del año anterior.
La facturación trimestral alcanzó 2.764,8 millones de reales (unos 534 millones de dólares), con una caída interanual del 7,2%. El EBITDA fue de 225,3 millones de reales (aproximadamente u$s43,5 millones), un 10,1% inferior al de un año antes, y la ganancia neta se redujo 47,5%, hasta 41,3 millones de reales (unos 8 millones de dólares).
Las ventas de granos y azúcar en Brasil retrocedieron 4,6%, mientras que el negocio internacional registró una caída del 8,3%. En cambio, las categorías de pastas, café, galletitas y conservas de pescado crecieron 14,1% en volumen, impulsadas especialmente por el café y las conservas.
En el mercado internacional, la empresa señaló que los menores precios del arroz continuaron afectando los ingresos. Aunque registró avances comerciales en Chile, Perú y Ecuador, las operaciones de Uruguay tuvieron un desempeño más débil en comparación con el mismo trimestre del año anterior.
El nivel de endeudamiento también es un dato relevante. Al cierre de agosto de 2026, la relación entre deuda neta y EBITDA de los últimos doce meses alcanzó 4,7 veces, frente a 4,1 veces un año antes. La compañía continúa buscando mejorar sus resultados mediante mayores volúmenes, diversificación de productos y eficiencia operativa.
Camil cotiza en la Bolsa de San Pablo desde 2017, bajo el símbolo CAML3, y continúa bajo el control de la familia Quartiero. Su director ejecutivo es Luciano Quartiero, mientras que Flavio Vargas ocupa la dirección financiera y de relaciones con inversores.
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