Póker de fábricas en crisis: Pauny, Metalfor, Vassalli y Plantium como ejemplos de la caída de la industria de la maquinaria agrícola nacional
La industria argentina de maquinaria agrícola autopropulsada atraviesa uno de sus momentos más delicados de los últimos años. En cuestión de semanas, cuatro empresas emblemáticas del sector quedaron en el centro de noticias que tienen distintos protagonistas, pero un trasfondo común. Pauny, que fabrica tractores, terminó con sus trabajadores tomando la fábrica de tractores en
La industria argentina de maquinaria agrícola autopropulsada atraviesa uno de sus momentos más delicados de los últimos años. En cuestión de semanas, cuatro empresas emblemáticas del sector quedaron en el centro de noticias que tienen distintos protagonistas, pero un trasfondo común.
Pauny, que fabrica tractores, terminó con sus trabajadores tomando la fábrica de tractores en Las Varillas; Metalfor, que produce pulverizadoras, solicitó el concurso preventivo de acreedores, con una deuda bancaria de casi 50.000 millones de pesos; Plantium, empresa modelo en el desarrollo de tecnología para siembra, cerró temporalmente sus instalaciones en Villa Constitución y despidió a más de un centenar de empleados; mientras que Vassalli, histórica fábrica de cosechadores, después de meses de parálisis, conflictos laborales y deudas, intenta sobrevivir bajo una nueva conducción.
Son cuatro historias diferentes. Una fabrica tractores, otra pulverizadoras, otra desarrolla tecnología para agricultura de precisión y la restante tiene una trayectoria de casi ocho décadas en la fabricación de cosechadoras. Pero todas permiten observar un mismo fenómeno. La industria nacional está perdiendo terreno en un mercado que no consigue dinamismo ni competitividad, mientras la llegada de maquinaria importada, especialmente de origen chino, modifica los precios y la competencia en segmentos que hasta hace poco estaban dominados por fabricantes tradicionales.
Los números del mercado ayudan a entender la dimensión del problema. El último informe de patentamientos de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (ACARA), correspondiente a octubre, registró 551 unidades entre tractores, cosechadoras y pulverizadoras. Aunque el número representó una recuperación del 11,8% respecto de septiembre, todavía quedó 0,5% por debajo de octubre del año pasado.
El acumulado de los primeros diez meses tampoco ofrece motivos para hablar de una recuperación consolidada. Entre enero y octubre se patentaron 5.649 máquinas autopropulsadas, frente a las 5.689 registradas durante el mismo período de 2025. La diferencia es de 40 unidades, equivalente a una caída del 0,7%.
Detrás de ese aparente equilibrio se esconden realidades bastante diferentes. Las cosechadoras son el único segmento que muestra una evolución positiva, con 706 unidades patentadas y un crecimiento interanual del 11,4%. Los tractores, que representan el grueso del mercado, acumulan una caída del 1%, mientras que las pulverizadoras registran el peor desempeño, con 503 unidades y una retracción del 11,9%.
La conclusión es que el mercado no está creciendo. Y, en ese contexto, la disputa por cada operación comercial se vuelve mucho más intensa. Para las empresas que tienen una estructura industrial importante, costos fijos elevados, compromisos financieros y redes de proveedores que sostener, vender menos puede convertirse rápidamente en un problema mucho mayor que una simple caída de facturación.
Uno de los cambios más importantes que está experimentando el negocio es la aparición de nuevos competidores internacionales, con China como principal protagonista. Esto, además de robarle participación a los fabricantes tradicionales, expone las deficiencias, problemas y falta de competitividad local. Además de los desmanejos históricos.
Durante muchos años, las marcas tradicionales concentraron buena parte de las ventas de tractores en la Argentina. John Deere, Case IH, New Holland, Massey Ferguson, Valtra y Pauny se repartían el mercado a partir de sus productos, redes comerciales, financiación y servicios de posventa.
El informe de ACARA correspondiente a octubre muestra que la categoría denominada “Otros” alcanzó 873 tractores patentados durante los primeros diez meses de 2026. Un año antes, ese mismo agrupamiento contabilizaba 382 unidades. El crecimiento es del 128,5%.
Con ese volumen, las marcas agrupadas en esa categoría representan el 19,7% de los patentamientos de tractores. Es decir, prácticamente uno de cada cinco equipos registrados en lo que va del año pertenece a ese conjunto de fabricantes. “otros” significa -no exclusivamente- chinos, porque el agrupamiento incluye marcas de diferentes procedencias. Sin embargo, el avance de los fabricantes asiáticos tiene un peso decisivo en esta transformación.
La contracara aparece en las marcas tradicionales. John Deere acumula una caída del 8,1% en tractores, New Holland retrocede 26,3%, Case pierde 9,9% y Pauny registra una contracción del 25,2%. Massey Ferguson también cae 5,8%.
El precio es uno de los principales argumentos de los nuevos jugadores. En distintos segmentos, los equipos importados llegan a ofrecerse a valores sensiblemente inferiores a los de los productos nacionales. Para productores y contratistas que deben cuidar sus inversiones, esa diferencia puede resultar determinante.
El caso de Pauny posiblemente sea el que mejor representa el impacto de la nueva competencia sobre una industria. La fábrica de Las Varillas nació en 2002, después de la quiebra de Zanello, a partir de un esquema asociativo que reunió a trabajadores, concesionarios y directivos para recuperar la actividad industrial. Con el tiempo, consiguió transformarse en una de las principales fabricantes nacionales de tractores y llegó incluso a liderar las ventas del segmento.
En sus mejores años, Pauny llegó a fabricar cerca de 2.000 tractores anuales y a comercializar entre 180 y 200 unidades por mes. La situación actual es muy diferente.
En octubre patentó apenas 32 tractores. En el acumulado de los primeros diez meses del año contabilizó 348 unidades, frente a las 465 del mismo período de 2025. Es una caída del 25,2%.
Pero la crisis de Pauny no se explica únicamente por la llegada de esos competidores. La empresa también arrastra problemas vinculados con la falta de inversiones suficientes para modernizar su estructura industrial y actualizar su oferta de productos. La necesidad de renovar modelos, mejorar prestaciones y ganar eficiencia se volvió cada vez más importante en un mercado que cambió rápidamente.
Merece un ítem destacado el de las ganas que tienen los responsables de hacer reflotar a Pauny: la propia familia de uno de los dueños es importador y vendedor de tractores chinos. Además, a pocos kilómetros de la fábrica florecen concesionarios que venden tractores chinos a mitad de precio.
El deterioro indefectiblemente llegó finalmente a los trabajadores. Unos 450 operarios comenzaron a reclamar el pago de salarios atrasados y la regularización de sus aportes sociales. La deuda llegó a tres quincenas en algunos casos y, después del fracaso de las negociaciones con los propietarios, los trabajadores resolvieron tomar la fábrica.
La paradoja es que la fábrica que nació de la recuperación de una industria después de la quiebra de Zanello vuelve a encontrarse ante una situación límite. Esta vez, con una competencia internacional mucho más fuerte y con una estructura financiera que deja poco margen para equivocarse.
Si Pauny representa la crisis de los fabricantes nacionales de tractores, Metalfor expone las dificultades que atraviesa otro segmento fundamental de la maquinaria agrícola, el de las pulverizadoras.
La empresa cordobesa, fundada en 1974 como Metalurgia Fortín, es uno de los nombres tradicionales del sector. Durante décadas construyó una posición relevante en el mercado de pulverización, además de desarrollar otros equipos agrícolas.
Sin embargo, sus últimos resultados muestran un deterioro muy pronunciado. Durante el primer semestre de 2026, Metalfor informó una pérdida de 26.484 millones de pesos. El contraste con el mismo período de 2025 es considerable, cuando había registrado una ganancia de 11.800 millones de pesos en moneda constante.
El principal problema estuvo en las ventas. Entre enero y octubre de este año comercializó apenas 71 pulverizadoras, es decir, una reducción del 44,5% respecto de las 128 que vendió en 2025.
El retroceso de la compañía es muy superior al que registra el conjunto del segmento, que acumula una disminución del 11,9%. Es decir, Metalfor está perdiendo terreno incluso dentro de una categoría que ya atraviesa un momento complicado.
La empresa había iniciado un proceso de reestructuración que contemplaba una reducción de su estructura operativa, la concentración de la producción en los modelos de mayor rotación y margen, la monetización de inventarios y máquinas usadas y la preservación de áreas consideradas estratégicas, como ingeniería, posventa y repuestos.
Pero la magnitud de los compromisos financieros terminó llevando a la compañía a una instancia judicial. Este 3 de noviembre, Metalfor solicitó oficialmente la apertura de su concurso preventivo de acreedores ante los tribunales de Marcos Juárez, Córdoba.
El caso de Plantium permite ampliar el análisis más allá de las fábricas tradicionales de maquinaria pesada. La empresa de Villa Constitución se había convertido en los últimos años en uno de los desarrolladores argentinos más interesantes de tecnología aplicada al agro.
Fundada en 1996, inicialmente como una compañía de ingeniería mecatrónica, desde 2002 comenzó a concentrarse en soluciones de agricultura de precisión. Su catálogo incluyó monitores de siembra, pilotos automáticos y sistemas de gestión de datos.
En 2022 inauguró un centro de Investigación y Desarrollo en Rosario, donde trabajaban más de 50 profesionales en proyectos vinculados con inteligencia artificial y robótica.
Sin embargo, esa apuesta tecnológica no alcanzó para evitar el deterioro de su situación comercial y financiera.
Según explicó Fulvio Monti, trabajador de la empresa y representante del Sindicato de Empleados de Comercio de Villa Constitución, los problemas comenzaron aproximadamente dos años atrás y se profundizaron desde julio de este año.
La crisis terminó con el cierre de la planta y la desvinculación de más de 100 trabajadores, entre los 84 empleados de Villa Constitución y otros que se desempeñaban en distintas localidades.
Pero detrás de Plantium también aparece Gentec, otra empresa del mismo grupo empresario, cuya actividad estaba vinculada con la provisión de componentes y servicios.
Su titular, Jorge Gentili, describió un escenario en el que la caída de la demanda se combinó con los problemas financieros de sus propios clientes. La firma tenía cuatro compradores principales y dos de ellos eran precisamente Metalfor y Pauny, hoy atravesadas por graves dificultades económicas.
La historia de Plantium muestra que la competencia china no afecta exclusivamente a quienes fabrican tractores, cosechadoras o pulverizadoras completas. También alcanza a las empresas que desarrollan tecnología y componentes, incluso cuando tienen capacidades de ingeniería y desarrollo propias. Los sistemas que provienen desde China pueden valer hasta 5 veces menos que los fabricados en Villa Constitución.
Y expone otro efecto de la crisis industrial. Cuando los grandes fabricantes venden menos, sus proveedores también pierden actividad. Cuando además esos clientes dejan de pagar, el problema se traslada directamente a sus balances y a su capacidad de sostener empleos.
La historia de Vassalli, la fabricante de cosechadoras de Firmat, Santa Fe, agrega otro capítulo a este panorama.
Fundada en 1949 por Roque Vassalli, la compañía fue durante décadas uno de los símbolos de la industria metalmecánica argentina. Llegó a fabricar alrededor de 1.000 cosechadoras por año en su mejor época y tuvo un papel destacado en el desarrollo de equipos para la agricultura nacional.
Pero su trayectoria estuvo marcada por sucesivas crisis, cambios de propietarios y dificultades para sostener una estructura industrial competitiva frente a los grandes fabricantes internacionales.
La debacle más reciente se profundizó a partir de 2023, cuando la sequía, la falta de financiamiento, la inestabilidad cambiaria y la inflación deprimieron el mercado de maquinaria agrícola. La empresa decidió incluso dejar de tomar nuevas ventas para poder cumplir con los compromisos asumidos.
En 2024, la familia Marsó adquirió la compañía con la promesa de reactivar la producción. Sin embargo, el intento terminó naufragando. Durante 2025 comenzaron los atrasos salariales, los proveedores suspendieron entregas y hacia fines de ese año la planta terminó paralizada.
A comienzos de junio de 2026, Vassalli acumulaba 869 cheques rechazados por aproximadamente 1.337 millones de pesos, además de obligaciones incumplidas con trabajadores y proveedores.
La salida de la familia Marsó y el ingreso de un grupo empresario encabezado por Roberto Santiago Chinelli se formalizaron a fines de agosto mediante una operación por un valor simbólico de un dólar, con el compromiso de asumir los pasivos y trabajar en la recuperación de la fábrica.
Durante octubre aparecieron algunas señales de recuperación de la actividad, con la fabricación de equipos y la ampliación de jornadas para parte del personal. Pero el proceso todavía debe demostrar que puede sostenerse.
El último registro de ACARA tampoco permite hablar de una recuperación comercial consolidada. Entre enero y octubre Vassalli patentó apenas una cosechadora de grano, frente a las once registradas durante el mismo período del año anterior. La caída es del 90,9%, aunque en este caso la comparación es anecdótica, pues viene de atravesar una paralización prácticamente total y un cambio de propietarios, por lo que sus patentamientos actuales no reflejan necesariamente lo que podría ocurrir si consigue recuperar la producción.
La crisis de estas cuatro empresas tampoco puede analizarse solamente a partir de sus balances o de las unidades que dejaron de vender.
La fabricación de maquinaria agrícola tiene una característica particular. Detrás de cada tractor, pulverizadora o cosechadora existe una extensa red de proveedores de piezas, componentes, servicios industriales, ingeniería y logística.
En localidades como Las Varillas, Firmat o Villa Constitución, las fábricas representan mucho más que una unidad productiva. Son el principal sostén de una actividad metalúrgica que involucra a numerosas pequeñas y medianas empresas.
Los fierros despiertan pasiones, muchas veces inexplicables. Y cada uno, usuario, analista, vecino de las localidades, o empleado, encontrará razones para explicar la caída de la industria de la maquinaria nacional. Y seguramente todos tengan razón. Pero sin dudas, el fenómeno que expone esas grietas internas es el de las importaciones chinas, que afectan no solamente a la Argentina y sus fábricas. La diferencia está en que, en otras regiones del mundo, a sus dirigentes parece que la industria local le importa. No podemos decir lo mismo de Argentina.
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