Mismos precios, el doble de impuestos: La maquinaria agrícola argentina compara su carga con Brasil y México y advierte que la baja rentabilidad puede traer años de desinversión
La industria de la maquinaria agrícola local muestra una doble faceta: con serias dificultades para sostener la rentabilidad puertas adentro, en un mercado interno que se ha acotado de manera considerable, impulsa cada vez más la búsqueda de oportunidades cautivas afuera con intensas misiones comerciales. Los ejemplos más claros son el trabajo realizado en Europa
La industria de la maquinaria agrícola local muestra una doble faceta: con serias dificultades para sostener la rentabilidad puertas adentro, en un mercado interno que se ha acotado de manera considerable, impulsa cada vez más la búsqueda de oportunidades cautivas afuera con intensas misiones comerciales. Los ejemplos más claros son el trabajo realizado en Europa del Este y el impulso al sello Agrinova.
Pero, aunque intentan una salida por arriba, en el sector insisten en que en uno y otro mercado el problema de los altos costos sigue siendo rector. “Tenemos una carga impositiva que hoy duplica la de Brasil y supera el doble de la de México, pero con precios muy parecidos”, explicó a Bichos de Campo Hernán Zubeldía, presidente de la Cámara Argentina de Fabricantes de Maquinaria Agrícola (Cafma).
Y es un problema, señalan, con un efecto calcado a lo que le ocurre a los productores agropecuarios, sus clientes. Los altos costos, sobre todo impositivos y burocráticos, recortan la rentabilidad, y el sector atraviesa dificultades para invertir. Es el “abc” económico básico.
Más allá de los recientes casos de crisis en el sector, cada uno de los cuales conserva sus particularidades, Zubeldía describe un mecanismo que atraviesa a prácticamente todos los fabricantes de maquinaria agrícola, independientemente de su escala. Y, desde ya, advierte por los efectos futuros que tendrá.
“Cuando le rentabilidad baja, sucede lo mismo que cuando el campo no gana plata: vamos a ver un período de desinversión en los próximos diez años, y yo no quiero que pase en este sector”, afirmó.
En esta lógica de evitar hoy los grandes problemas de mañana, los fabricantes de maquinaria hacen eco de algunas de las mochilas pesadas que tiene hoy la cadena.
La devolución de los saldos técnicos del IVA, que se generan por comprar insumos grabados al 21% y vender productos al 10,5% es, quizá, uno de los temas que encabezan la agenda de demandas. “Esos fondos son sumas muy importantes, están pesificados, no se actualizan y sabemos que no los recuperamos. Es plata de las fábricas que tiene el Estado”, describió Zubeldía.
El costo de invertir es otra de ellas. Con tasas que ya no son negativas, como ocurría cuando la inflación superaba los rendimientos, también el sector mide mucho más en detenimiento sus movimientos. “Hoy la decisión es mucho más fina porque tu rentabilidad es baja y donde diste un paso en falso, quedás en rojo”, agregó.
Generalmente se habla de la resiliencia del productor agropecuario, que abre las puertas de su “fábrica a cielo abierto” a pesar de las inclemencias climáticas, económicas y hasta políticas. La resiliencia es patente también en la agroindustria, donde, a pesar de que se multipliquen las importaciones, y se deprima el mercado local, se sigue haciendo lo posible por crecer.
“Los fabricantes, somos grandes apostadores porque, más allá de la situación coyuntural, seguimos invirtiendo, comprando fierros, tecnificando las fábricas y modernizando procesos”, destacó Zubeldía.
Los datos del mercado argentino dan cuenta del estancamiento. Según un relevamiento de la Bolsa de Comercio de Rosario, en el primer semestre de 2026 se vendió un 7,1% menos de maquinaria que en 2025 y la facturación cayó un 19,6% descontando la inflación. Ya no es sólo la mayor competencia con los “fierros” asiáticos, sino un universo comprador refleja la caída de la rentabilidad del sector agropecuario.
“Ojalá tuviésemos un mercado interno más amplio y ojalá el productor y el contratista tuvieran condiciones económicas y financieras para poder invertir cada vez más. Ese es el país que yo quiero tener”, expresó el presidente de Cafma.
En verdad, explican desde el sector, la relación entre mercado interno y exportación no es directa: que a nivel local se venda menos no significa que todo ese volumen pueda trasladarse al exterior. “Los mercados internos son las bases para salir a exportar, y Argentina tiene un mercado interno mucho más chico que otros colegas o competidores”, describió Zubeldía.
Al igual que ocurre con los costos, la agroindustria local corre con desventaja también en ese con países como Estados Unidos, México o Brasil que, por tonelada producida, consume alrededor de siete veces más maquinaria que Argentina.
Y lo más complicado aún, es que sucede en un contexto en el que los precios internacionales tienden a igualarse. “Competir con precios cuando vos tenés altos costos es muy difícil”, explicó.
Nuevamente, la resiliencia. Porque, a pesar de todo, el sector insiste en la búsqueda de ampliar su mercado puertas afuera. Lo demuestran las misiones comerciales que van en búsqueda de mercados cautivos, como es el caso de Europa del Este, cuyas similitudes con los suelos y la agricultura argentinos representan una oportunidad para la agroindustria local.
“Tenemos un horizonte muy importante si tuviésemos las condiciones dadas, porque nosotros somos exportadores de sistemas y atrás de esos sistemas se encauza toda la producción de maquinaria agrícola”, observó el titular de Cafma, respecto a una estrategia ya repetida en otros lugares del mundo: antes que con sus productos, el sector llega con determinada tecnología, como la siembra directa o el silobolsa.
Son puntas de lanza que luego impulsan todo un universo de maquinarias y tecnologías. Las sembradoras, desde ya, pero también las tolvas, los tanques, el hardware y el software. Las embolsadoras, pero además los draper y los cabezales maiceros. “Es una cadena bastante más amplia que el producto en sí”, explicó Zubeldía, que asegura que el sector directamente “exporta cultura” y tiene mucho más que capacidad ociosa por cubrir: hay todo un mercado por explotar.
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