La “magia” de la equinoterapia: “He visto caballos hacer cosas que la ciencia no puede explicar”
En el marco de la exposición Nuestros Caballos se realizará la IV Cumbre Latinoamericana de equinoterapia. Dos especialistas cuentan de qué se trata y cómo puede ayudar no sólo a personas con discapacidad, sino a aquellas que estén atravesando problemas puntuales.
“Mi desafío es que los chicos puedan cumplir sus sueños, que disfruten cada cosa que están haciendo y compartiendo, que entiendan que hay oportunidades y que los límites no existen”, confiesa, entusiasmada, Fernanda Meilán, profesora de equitación y equinoterapia de la Escuela Hipocampo en Ciudad de Buenos Aires, y referente del equipo de equitación adaptada que se prepara para el torneo nacional de Olimpíadas especiales en abril próximo, clasificatorio para el Mundial de Chile 2027.
Junto a Karina Galak, también equinoterapeuta en la zona de Pilar (Buenos Aires), Meilán será una de las disertantes en la “IV Cumbre Latinoamericana de Equinoterapia, Para-Ecuestre y deportes ecuestres adaptados” a desarrollarse este jueves y viernes 26 y 27 de marzo en el marco de la Exposición Nuestros Caballos (que va del 24 al 29 de marzo en el Predio Rural de Palermo)..
La Cumbre es un espacio donde especialistas de distintos países se reúnen para compartir experiencias, avances y miradas sobre el valor terapéutico del caballo, distintos abordajes y potencialidades.
LAS CLAVES DE LA EQUINOTERAPIA
“La equinoterapia es una intervención terapéutica y educativa donde la persona interactúa con el caballo. Esa es la definición más moderna. En ese encuentro se ponen a disposición varios beneficios en muchas áreas, motora, sensorial, psicológica, emocional, social”, contó Meilán.
Y agregó: “Está compuesta por varios módulos como la hipoterapia, la monta terapéutica y la equitación adaptada, que es donde yo me especialicé, después de muchos años me fui enfocando en acompañar el proceso de crecimiento de cada paciente para que se transformen en deportistas y hoy los entreno para que puedan competir a nivel nacional e internacional”.
-¿Para quiénes está destinada la equinoterapia?
-La verdad que, para todas las personas, salvo que tengan una contra indicación médica. He trabajado desde personas con algún trastorno motor, hasta con personas que simplemente están en situaciones más puntuales de estrés. Los últimos años se han acercado muchas personas con situaciones así, a quienes le aconsejaron estar en contacto con la naturaleza. También pacientes que pasan por una situación depresiva.
-¿Qué son para vos los caballos?
-Muy importantes. No me imagino una vida sin animales. Tengo cuatro perros, dos gatos y convivo con más de 50 caballos casi a diario. A veces, los profesionales que trabajamos en esta área tenemos que adaptarnos al clima fríos o calores extremos, estamos parados casi todo el día, pero a mí esto me encanta, los caballos son una pasión. Quizás en alguno de esos días complicados pensás “¡que bueno sería estar en una oficina!”. Pero un rato nomás. Al día siguiente ya querés de nuevo naturaleza y caballos. Ellos son mis compañeros de trabajo. Nada de lo que hago puedo hacerlo sin ellos. Los logros o resultados de cada uno de los chicos parten de un trabajo en equipo. El caballo genera un escenario muy amable de trabajo.
Fernanda, junto a uno de sus caballos
-¿Qué tienen en particular los caballos para acompañar a las personas?
-Son animales muy sensibles, pero por su tamaño generan una sensación de respeto. Hablamos de un animal de 500-600 kilos, imponente, que por ahí sacás una bolsita y se asusta con el ruido. Entonces, estamos entre su potencial debilidad frente a lo que supone un peligro y su majestuosidad por su tamaño, fuerza y velocidad. Tienen una nobleza superlativa. Ni hablar de su belleza. Yo no he conocido un caballo igual a otro. Obvio tienen cosas en común, pero cada uno tiene su particularidad. Yo elijo el caballo para la persona que quiero trabajar por las características del caso y lo que necesito de ese compañero. Y he visto cosas que la ciencia no puede explicar, acercamientos de caballos hacia personas con discapacidad que son mágicos e inexplicables. Caballos que tenían conductas negativas y cuando se acercan a esa persona el caballo se convierte en otro ser. Su sensibilidad es lo que más genera el acercamiento de las personas.
CABALLOS Y AUTOESTIMA
Por su parte, Karina Galak, quien coordina hace 10 años el departamento de equinoterapia del Club Ecuestre Pilar y trabaja en otros centros, compartirá escenario con Meilán en la Cumbre hablando de “La experiencia del atleta en la práctica deportiva ecuestre”.
En la previa, anticipó a Infocampo su visión sobre que “el caballo es un gran facilitador, genera un vínculo desde la confianza que fortalece mucho la autoestima”.
En este sentido, para Galak, “el caballo te empodera, al que está arriba y a los que estamos en tierra, es un trabajo en equipo”.
Y graficó: “Si logro que el chico se sienta un héroe arriba del caballo, después el se va a animar a ir por otros objetivos, el paciente se siente fortalecido”.
Karina, siguiendo de cerca el progreso de un niño y su caballo
Por ello, según Galak, el caballo es un “gran igualador, porque “lleva en su lomo a alguien que hace equitación convencional, así como a un paciente que no puede mover sus piernas, pero va al trote, igual que el de la pista de al lado”.
DE NO QUERER SUBIR MÁS A UN CABALLO A LA EQUINOTERAPIA
Como si fuera un guiño del destino, Meilán, nació y se crió en el barrio de Caballito. Pero otro dato particular de su historia es que su relación con los caballos no empezó de la mejor manera.
“La primera vez que monté fue en un campo de amigos de mi padre, tenía 5-6 años. Era un petiso que se puso a comer pasto mientras yo veía como los adultos se alejaban de mí sin prestarme mucha atención, despreocupados, y yo no sabía andar a caballo. Me asusté, me angustié, lloré y le dije a mi mamá que nunca más me iba a subir a un caballo”, relató.
Pero afirmó que, como siempre fue muy “bichera”, a la madre se le ocurrió transformar esa historia y anotarla en una escuela de equitación en Bella Vista. “Enseguida me gustó, se me pasaron el miedo y enojo y desde entonces no paré”, repasó.
Así fue que estudió psicología, es profesora de equitación y desde hace más de 20 años se ha formado en equinoterapia. Hoy lidera un equipo de 11 personas, todos adolescentes y un adulto de 55 años.
“La experiencia es muy linda. Nuestro pilar de trabajo es la inclusión”, valoró.
El camino es el siguiente: “Normalmente los chicos comienzan en equinoterapia en una pista especialmente acondicionada para trabajos terapéuticos, con referencias puntuales, letras, números, colores, un espacio más reducido y contenedor, donde trabajan sólo los terapeutas y auxiliares, y cuando los chicos empiezan a tener autonomía y yo empiezo a ver que tienen dominio del caballo siento que pueden ir ya a las pistas donde se practica equitación”, contó.
“Pasan de ser pacientes a alumnos incluidos y de cumplir objetivos terapéuticos a desarrollar habilidades ecuestres y cumplir desafíos técnicos del deporte”, añadió.
-¿Cuál es tu sueño o tu desafío con esto que estás haciendo?
-Mi desafío es poder acompañar los sueños de los chicos. Tratamos de propiciar espacios y encuentros para fomentar el concepto de equipo. Y es beneficioso por el sentido de pertenencia que genera. Además, ellos, los que están, representan a otros jóvenes que podrían estar en este proceso, pero no lo han alcanzado. La parte social también se fomenta. Ellos se quieren como grupo y festejan los logros individuales. Hacemos meriendas, algunas veces para juntar fondos para viajar. . Entonces mi sueño es que los chicos puedan cumplir sus sueños y que disfruten cada cosa que están haciendo y compartiendo, que entiendan que hay oportunidades y que los límites no existen. Ellos dirán cuándo frenar y yo estoy acá como puente para ayudarlos como entrenadora. Es importante que entiendan que son deportistas.
A fines de abril se hace el encuentro nacional de olimpíadas especiales que es selectivo para el mundial que se hará en Chile en 2027. Ocho jóvenes del equipo de Meilán clasificaron a partir de un encuentro regional para ir al clasificatorio.
-¿Te acordás alguna anécdota o alguna linda historia, algo que te haya emocionado?
-Anécdotas tengo un montón. Pero te cuento dos historias lindas, de superación. Una tiene que ver con Delfina, que tiene 25 años y empezó equinoterapia cuando tenía 7. Pasó por muchos profesionales hasta que llegó a mí en su adolescencia, momento en el que se cansó de venir. Sin embargo, Delfi le dijo a sus padres que no quería seguir montando, pero que quería seguir viniendo al club. Entonces se nos ocurrió que podía venir como auxiliar voluntaria en equinoterapia. Son los que van a buscar los caballos, los prepara para las sesiones, se ocupan de los materiales, es una tarea muy linda. Cuando yo empecé a preparar los chicos para las olimpíadas especiales sentí que era una oportunidad para proponerle que vuelva a montar. La motivé y empezó a asistirme en mis clases de equitación adaptada y al tiempo volvió a montar. Es el segundo año que participa en olimpíadas especiales y los padres dicen que le cambió la vida. Otra linda historia es la de Nacho (Ignacio Gómez Pereyra), que tiene 18 años, una discapacidad intelectual y ha sido medalla de oro en su categoría en distintas competencias. Es importante dentro del equipo porque, además de esos logros, hoy quiere inscribirse en el curso de auxiliar de instructor de quitación de la Federación Ecuestre Argentina. Es la primera vez que escucho que un alumno de equinoterapia se inscriba para estudiar.
-¿Sos feliz trabajando con caballos y personas con discapacidad? ¿qué te deja en tu alma?
-Si, muy, muy feliz trabajando con caballos y personas con discapacidad. Es muy gratificante ver la evolución de alumnos a quienes miré, escuché y acompañé, desde mi rol les dí oportunidades para que puedan caminar sus propios sueños. Y no me importan las barreras que siempre las hay, yo cargo con eso, rompo esas barreras sociales, que a veces se subestiman personas con discapacidad y no se los escucha. Me deja el alma llena de ser ayudante y testigo de lo que ellos quieren hacer.
Meilán se reconoce como una persona “muy tímida”, pero ha trabajado sobre su timidez “para ser la voz de ellos”.
“Queremos compartirlo con otros para que se sumen muchos más, quiero que la gente sepa que la experiencia es hermosa, que las familias lo valoran y disfrutan, también los chicos”, afirmó.
LA LEY DE EQUINOTERAPIA, UNA NECESIDAD
El uso de equinos vinculados con la salud se remonta, según algunos textos históricos, a tiempos antes de Cristo, cuando ya Hipócrates (460 a 370 a.c.) aconsejaba en sus libros la equitación para regenerar la salud y preservar el cuerpo, destacando los beneficios del trote. Cientos de años más tarde, en el siglo XVII, la medicina proponía el uso del caballo para tratar enfermedades como la gota, que por entonces causaba estragos.
En la historia moderna, la equinoterapia como tal surgió a partir de Liz Hartal, una amazona danesa que practicaba la equitación, pero a los 16 años la poliomielitis la dejó en silla de ruedas. Ocho años después, en las olimpiadas de 1952 obtuvo la medalla de plata en adiestramiento compitiendo con los mejores jinetes del mundo.
Al subir al podio con muletas despertó el interés de la comunidad médica. Hazaña que repitió en Melbourne 1956. Su caso favoreció que médicos y terapeutas empezaran a preguntarse por los beneficios potenciales de la equinoterapia.
Del salto ecuestre a la equinoterapia: “A los caballos hay que agradecerles, son seres fantásticos”
De Escandinavia, la equinoterapia pasó a Inglaterra y de allí a Estados Unidos y a Canadá. En Sudamérica, Argentina, Brasil y Chile son los países que han dado pasos más acelerados en la aplicación de esta terapia. Puntualmente en Argentina la equinoterapia se usa formalmente desde el año 1978, sin embargo, todavía no está regulada y ordenada a nivel nacional, a diferencia de otros países que ya pudieron hacerlo.
La Red Argentina de Equinoterapia, que representa a 240 centros del país, redactó y presentó un proyecto de ley luego de la pandemia. En 2023 hicieron una presentación en Diputados, pero perdió estado parlamentario. El gran desafío es que la discusión de la ley entre en agenda.
En concreto, algunos de los beneficios de que exista un organismo que controle y regule la actividad serían para que haya profesionales capacitados, que se utilicen caballos que cumplan con la norma y en buen estado de salud. Y que esté incluida (la equinoterapia) en el Programa Médico Obligatorio (PMO) y que sea considerada una terapia más. Esto abriría las puertas a muchas personas más que hoy no pueden costear la actividad.
“Sería importante contar con una ley que regule la actividad porque no cualquiera con un caballo puede hacer equinoterapia, hay que regular la formación, los elementos, las personas que conforman un equipo, no alcanza con querer a los caballos y tener uno manso”, dijo Galak.
Y cerró: “Lo otro es que obras sociales se hagan cargo de la terapia dentro del plan médico obligatorio, algunos padres interponen un amparo para lograr la cobertura, pero es muy difícil”.
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