Alerta en la industria de la madera: el atraso cambiario y los costos ponen en jaque a las pymes
La Federación de la Industria de la Madera alertó por la caída de la demanda, el avance de las importaciones y el fuerte incremento de los costos en dólares. También dijo que en el último año se perdió más del 10% del empleo y reclamó medidas para evitar cierres.
La industria de transformación mecánica de la madera atraviesa un escenario de fuerte tensión.
Desde la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA) advirtieron que la combinación de una demanda interna deprimida, costos crecientes en dólares, competencia importada y elevadas tasas de financiamiento está llevando a numerosas pequeñas y medianas empresas al límite de su sostenibilidad económica y financiera.
El planteo alcanza a una actividad con fuerte presencia territorial en distintas regiones del país, especialmente en el Centro, Patagonia, Noreste y Noroeste argentino.
Allí, los aserraderos, fabricantes de tableros y empresas de muebles constituyen una fuente central de empleo y actividad económica, por lo que su deterioro impacta de manera directa sobre las economías locales.
“Su deterioro no afecta únicamente a un sector: compromete la viabilidad económica de comunidades enteras del interior productivo”, señaló la entidad al describir la situación que atraviesa la cadena.
MADERA EN JAQUE: MENOS DEMANDA Y COSTOS
Uno de los principales problemas identificados por FAIMA está en el eslabón de la primera transformación, donde la caída de la demanda interna convive con una estructura de costos que perdió competitividad frente a otros países.
Según la entidad, la desaparición de la obra pública y la retracción de la construcción privada redujeron de manera pronunciada el mercado para los productos de madera. A esto se suma el encarecimiento de construir medido en dólares, que profundizó la contracción de la actividad.
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En paralelo, el costo laboral en moneda dura se convirtió en otro factor de presión. FAIMA estimó que los salarios de posiciones equivalentes dentro de la industria argentina se ubican actualmente entre 1.000 y 1.400 dólares mensuales, mientras que en Brasil rondan los 600 dólares y en China se encuentran entre 500 y 600 dólares.
“Este diferencial de costo laboral en moneda dura erosiona de raíz la capacidad de competir, tanto en el mercado externo como frente a las importaciones en el mercado interno”, sostuvo la Federación.
La situación se completa con el incremento de los costos energéticos y logísticos. Desde FAIMA remarcaron que las tarifas eléctricas tuvieron un fuerte impacto sobre la estructura de costos de las empresas y señalaron que, según informes privados, la tarifa energética acumuló durante el último semestre una suba cercana al 300%, frente a una inflación del 17% en ese período.
El combustible también aparece como un componente crítico. Su incidencia se extiende desde el traslado de la materia prima desde el monte y los aserraderos hasta las plantas industriales, hasta la distribución de los productos terminados y su eventual colocación en los mercados externos.
CADENA QUE PERDIÓ EMPLEO Y COMPETITIVIDAD
El impacto sobre el entramado empresarial también comienza a reflejarse en el mercado laboral. La foresto-industria genera alrededor de 60.000 puestos de trabajo directos y una cantidad similar de empleos indirectos, pero FAIMA aseguró que durante los últimos 12 meses se produjo una caída superior al 10% en el empleo directo e indirecto.
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La Federación vinculó este retroceso con el deterioro de los ingresos y el aumento sostenido de los costos, una combinación que llevó a numerosas empresas “al límite de su sostenibilidad económica y financiera, e incluso al borde del cierre o del concurso preventivo”.
La preocupación también se extiende a los fabricantes de bienes finales, como muebles y productos de carpintería. En este segmento, a la contracción del consumo se suma el ingreso creciente de productos importados que, según FAIMA, enfrentan una estructura arancelaria más favorable que los insumos utilizados por la industria nacional.
“Se configura así una asimetría que penaliza la producción nacional”, advirtió la entidad, al señalar que los productos terminados provenientes del exterior pueden ingresar con un arancel inferior al que soportan algunos de los insumos necesarios para fabricar esos mismos bienes en el país.
MUEBLES, VIVIENDAS Y AVANCE DE IMPORTACIONES
La construcción con madera constituye, para FAIMA, uno de los ejemplos más claros de esta problemática. Al incremento del costo de construir en dólares se suma la llegada de alternativas habitacionales importadas, principalmente desde China, que compiten con la producción nacional a partir de precios que el sector considera imposibles de igualar.
Según la Federación, el resultado es una combinación de pérdida de empresas y empleo local y una sustitución de producción nacional por alternativas de menor calidad.
A este escenario se agrega otro obstáculo: el costo del financiamiento. Las elevadas tasas de interés afectan tanto a los consumidores, que reducen sus posibilidades de acceder a bienes durables, como a las PyMEs que necesitan capital de trabajo para atravesar el período de baja actividad.
FAIMA señaló que, de acuerdo con datos del Banco Central, las tasas de las tarjetas de crédito y los préstamos personales se ubican alrededor del 110% anual, frente a una inflación anualizada cercana al 33,5%. Para las empresas, recordó que durante los últimos meses de 2025 y comienzos de 2026 muchas PyMEs debieron financiarse a tasas cercanas al 70% anual.
“El costo real del financiamiento que vienen soportando estas empresas, sostenido en el tiempo, erosiona su capacidad de subsistencia”, planteó la organización.
“RECUPERAR LA CAPACIDAD INSTALADA”
Frente a este escenario, FAIMA reclamó a las autoridades nacionales, provinciales y municipales medidas que permitan recomponer el tejido industrial y recuperar la utilización de una capacidad instalada que actualmente permanece ociosa.
La entidad puso el foco en el carácter federal de la actividad y en el peso que las pequeñas y medianas empresas tienen dentro de la cadena. “Estas empresas no encuentran hoy cabida en el diseño de las políticas vigentes”, sostuvo, y advirtió que los esquemas actuales demandan una capacidad financiera, de escala y de acceso al crédito que las PyMEs no poseen.
“El ajuste no se está distribuyendo de manera neutral: recae, en este mismo momento, con particular dureza sobre el eslabón más frágil y, a la vez, más federal y generador de empleo de la cadena”, enfatizó FAIMA.
La organización consideró que el margen de espera se encuentra prácticamente agotado. “Cada mes que transcurre sin una respuesta se traduce en capacidad productiva que se pierde y en empleo que no se recupera”, señaló.
Por último, FAIMA remarcó que preservar la industria de transformación de la madera excede el reclamo sectorial. “No se trata de un pedido de privilegios, sino de la preservación de una base industrial que, una vez desmantelada, es muy difícil y costosa de reconstruir”, concluyó.
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