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“No es competencia, sino complementariedad”: La visión de Rodrigo Troncoso que redefine el negocio cárnico argentino

Fuente: Bichos de Campo 22/10/2026 23:06:43 hs

La producción de carne bovina viene por detrás del crecimiento de la población mundial y eso se trasladó a los precios del producto. La carne porcina y avícola, en cambio, tiene un desafío complejo de competitividad porque el crecimiento progresivo de la oferta limita la posibilidad de trasladar el aumento de los costos a los

La producción de carne bovina viene por detrás del crecimiento de la población mundial y eso se trasladó a los precios del producto. La carne porcina y avícola, en cambio, tiene un desafío complejo de competitividad porque el crecimiento progresivo de la oferta limita la posibilidad de trasladar el aumento de los costos a los precios.

La producción aviar en la Argentina creció mucho en la primera década de este siglo de la mano de un plan estratégico, pero luego se amesetó. “Todo salto adicional sólo puede hacerse a través de un crecimiento de la exportación”, indicó hoy Rodrigo Troncoso, consultor cárnico y exsubsecretario de Ganadería de la Nación, durante una charla ofrecida en el Congreso 2026 de la Cámara Argentina de Empresas de Nutrición Animal (CAENA), que se realizó en la sede de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires.

Cuando se estancó el crecimiento de la producción de carne aviar, comenzó el aumento de la oferta de carne porcina en un proceso que sigue vigente hasta la fecha. “En ambos casos, gran parte de esas dinámicas se explican por la posibilidad de acceder a financiamiento adecuado”, explicó.

“En la Argentina estamos en el límite de consumo de proteínas cárnicas, lo que implica que cada paso que damos en una carne representa un retroceso de otra. No es competencia, sino complementariedad”, añadió.

Actualmente el valor de la carne vacuna en el mercado interno argentino representa en promedio casi dos kilos de carne porcina, pero durante mucho tiempo la relación era prácticamente uno a uno. “Quizás la relación dos a uno está impulsada por el elevado precio internacional de la carne bovina, pero, cuando eso se normalice, estimo que la relación se ubicará en un rango de 1,4 a 1,6”, proyectó.

“La pregunta que tenemos que hacernos es si estas relaciones de precios son estructurales o coyunturales, porque para analizar inversiones en el sector la respuesta a esa pregunta es clave”, propuso.

Troncoso dijo que su opinión es que se trata de un proceso estructural, es decir, que llegó para quedarse, dado que la posibilidad de exportar cada vez más carne bovina de manera continua permite ordenar los precios relativos en función del contexto global.

El exfuncionario nacional dijo que el desafío que tiene el sector porcino no es prohibir las importaciones de carne de cerdo brasileña, porque eso no solucionaría el problema de competitividad, sino entender que en las actuales circunstancias la oferta debe alcanzar un límite de producción.

El consultor señaló que el sector debería lograr una mejor integración en el mercado interno, promover el valor agregado a través del desarrollo de nuevos productos e incentivar a industrias con un perfil exportador. “La industria porcina argentina no está configurada para ser exportadora todavía, pero eso es parte de un proceso que en algún momento va a darse”, auguró.

En lo que respecta a la ganadería argentina, dijo que “pensar que es ineficiente porque la producción se quedó estancada implica realizar un análisis que no contempla el enorme proceso de agriculturización que experimentó el país en las últimas tres décadas”.

La cadena de nutrición animal pidió medidas concretas y el secretario de Agricultura contestó con un tango: “Como diciendo patrón, ya sabe si anda sin plata…”

“En los últimos ocho años estamos exportando más de 800.000 toneladas de carne vacuna de manera continuada. Nunca había pasado eso en la historia de la Argentina”, recordó.

Esa dinámica está asociada a un proceso de aumento del peso medio de faena y a una profesionalización del sector frigorífico, que se evidencia en el crecimiento de las plantas industriales habilitadas para exportar a las naciones más exigentes del orbe.

“Ningún frigorífico hace inversiones millonarias para retroceder. Estamos en un nuevo ‘escalón’ del negocio ganadero que no tiene nada que ver con algo que haya sucedido en términos históricos”, apuntó.

Uno de los aspectos clave para “agrandar la torta” del negocio cárnico bovino consiste, según el especialista, en seguir los pasos de aquellas naciones que dejaron hace tiempo de comercializar proteínas rojas como un commodity.

“EE.UU. arrancó en 1916 con el sistema de tipificación de calidad de carne vacuna, mientras que Australia inició ese proceso en 1950. Argentina tuvo la primera norma en la materia en 2019. Nos llevan mucha ventaja y no nos tiene que ganar la ansiedad”, indicó.

En ese sentido, Troncoso dijo que no hay que cerrarse a la incorporación de tecnologías y procesos orientados a mejorar los procesos de trazabilidad. “A veces alguien dice ‘a mí no me van a pagar más el novillo por esto’, pero desde septiembre pasado Brasil está afuera del mercado de carne vacuna de la Unión Europea y la Argentina está adentro”, resumió.

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