En el Delta los árboles siguen creciendo, aunque falte quién compre madera: Como parte de una familia dedicada al negocio forestal, Carlos Urionagüena pide cuidar a la población de isleños
Carlos Urionagüena forma parte de una familia que lleva varias generaciones produciendo madera en el Delta. Su abuelo se instaló allí, su padre continuó la actividad y él sigue ese camino, primero en la forestación y luego añadiendo valor industrial a la madera. Tan forestales son que el aserradero Euskadi queda ubicado en la barriada
Carlos Urionagüena forma parte de una familia que lleva varias generaciones produciendo madera en el Delta. Su abuelo se instaló allí, su padre continuó la actividad y él sigue ese camino, primero en la forestación y luego añadiendo valor industrial a la madera. Tan forestales son que el aserradero Euskadi queda ubicado en la barriada de “Troncos del Talar”, en el parque industrial del Tigre.
“El Delta fue la primera zona forestal del país”, recordó Carlos en diálogo con Bichos de Campo, orgulloso de pertenecer a ese polo maderero. Tanto está afianzada su familia en ese lugar que el participa activamente de la organización de la Fiesta “Día de los Isleños, que se realiza este fin de semana en el delta de San Fernando y es una excelente oportunidad para descubrir un mundo desconocido a los habitantes de Buenos Aires, a pesar de su cercanía.
En el delta bonaerense predominan los álamos y los sauces, adaptados al clima y a la disponibilidad de agua. Durante décadas, esa madera acompañó otras producciones de la zona: sirvió para fabricar cajones de frutas y verduras y dio lugar a una industria que hoy hace tablas, láminas para terciados y otros productos de uso cotidiano.
Carlos es representante de la AFOA (Asociación Forestal Argentina) en esa región. Y dice que el problema actual es que una parte de esa industria se quedó sin suficiente demanda. “Estamos complicados”, reconoció Urionagüena en el último seminario de la entidad. La caída del consumo interno afecta especialmente a los aserraderos y al bobinado, dos destinos de la madera que considera centrales. Las industrias que trituran madera siguen funcionando, explicó, pero absorben solo una porción de la oferta del álamo.
Mirá la entrevista:
Un dilema de los empresarios forestales es que los árboles no dejan de crecer mientras las empresas forestales espera que regrese la demanda. “Lo que se demora es la utilización de la materia prima”, explicó Carlos como integrante de una cadena productiva que necesitan actividad todos los días.
En este contexto difícil por la caída interna de la actividad, Urionagüena cree que las empresas deben revisar sus propios costos y formas de trabajo. “La inflación disfrazaba un montón de cosas”, reconoció. Pero a la vez advirtió que ese esfuerzo necesita ir acompañado de una recuperación de la demanda: “La macroeconomía tiene que brindar señales para que la gente esté dispuesta a gastar e invertir”.
En particular, Carlos está preocupado por cuidar el personal capacitado en esta coyuntura. Esa preocupación lo devuelve siempre al corazón del Delta y a las familias que todavía viven allí. Para conservar esa población, planteó, hacen falta comunicaciones, escuelas de calidad y oportunidades de desarrollo. “Tenemos que conservar esa gente”, resumió.
Urionagüena considera que la forestación argentina tiene potencial y que el rumbo económico propuesto por el Gobierno apunta en una dirección que comparte. Su duda es cuánto puede resistir el sector hasta que aparezcan los resultados. Lo explicó con una imagen de navegante: “Vemos el puerto y me parece que vamos hacia el puerto correcto. El tema es si nos alcanza la nafta para llegar”.
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