“Qué Rico” está este pollo: La avícola familiar sigue invirtiendo para acceder a más mercados y ahora va por su planta de procesamiento de subproductos
La avicultura argentina tiene una cuenta pendiente para seguir creciendo: ganar competitividad frente a potencias como Brasil y China, pero también encontrar nuevas formas de vender una proteína que ya es protagonista de la mesa local. En ese camino está Pollo Qué Rico, una empresa familiar que nació con el abuelo de sus actuales responsables,
La avicultura argentina tiene una cuenta pendiente para seguir creciendo: ganar competitividad frente a potencias como Brasil y China, pero también encontrar nuevas formas de vender una proteína que ya es protagonista de la mesa local. En ese camino está Pollo Qué Rico, una empresa familiar que nació con el abuelo de sus actuales responsables, creció con la integración de granjas y la construcción de su propio frigorífico, y ahora proyecta una inversión millonaria para aprovechar mejor cada parte del pollo.
Guillermo Macchi y Juan Macchi, primos y representantes de la tercera generación familiar, contaron en la feria SIAL de París cómo fue esa evolución y hacia dónde apuntan. La firma faena actualmente unos 80.000 pollos diarios en su planta de Carmen de Areco, en la provincia de Buenos Aires, y se ubica entre las 15 principales empresas del sector.
El gran salto llegó en 2015, cuando inauguraron su propio frigorífico. Hasta entonces, la compañía faenaba en instalaciones de terceros, aunque ya había desarrollado granjas y molinos de alimentos. Desde aquella apertura, la capacidad de faena pasó de algo más de 50.000 a los actuales 80.000 animales por día, un crecimiento cercano al 50% en una década.
“Somos una empresa familiar. Arrancamos con 60.000 pollos y crecimos creciendo”, resumieron. La expansión también modificó el perfil comercial: mientras antes predominaba la venta de aves enteras, hoy alrededor del 35% de la producción se comercializa trozada. La incorporación de líneas automáticas de corte permitió diversificar productos y acceder a diferentes destinos.
La firma ya exporta a distintos mercados, entre ellos China y la Unión Europea, aunque el negocio externo enfrenta una dificultad estructural: la competencia de Brasil, que dispone de una escala productiva y condiciones de financiamiento que la Argentina no logra igualar. Según explicaron, cerca del 90% de la producción de Pollo Qué Rico se destina al mercado interno, mientras que al exterior se envían principalmente cortes y subproductos con menor demanda local, como las garras.
“Cuando nosotros salimos al mundo a competir contra Brasil, quedamos afuera en casi todo”, señalaron. También advirtieron que China se convirtió en otro competidor de peso por su capacidad de producción y sus costos. A esa desventaja se suma, según plantearon, la falta de créditos blandos para incorporar tecnología. “Hoy querés innovar y, si no es con fondos propios, no lo podés hacer”, cuestionaron.
Uno de los proyectos más importantes de la empresa apunta precisamente a aprovechar mejor lo que hoy queda fuera de las líneas principales de faena. Pollo Qué Rico analiza construir una planta de rendering para procesar vísceras, plumas, sangre, piel y otros subproductos que actualmente vende a terceros para su tratamiento.
La iniciativa demandaría una inversión de entre 4 y 5 millones de euros y un plazo de alrededor de un año y medio. El objetivo es generar harinas, aceites y otros insumos con destino, entre otros usos, a la industria de alimentos para mascotas, además de abrir nuevas posibilidades de exportación.
Pero el desafío de la competitividad no se limita al frigorífico. Los empresarios también señalaron el atraso tecnológico de buena parte de las granjas integradas que abastecen al sector. En Qué Rico, apenas el 10% de la producción se realiza en establecimientos propios; el resto corresponde a productores integrados.
“Hay granjas que tienen 40 años”, advirtieron. Y dieron un ejemplo concreto: una instalación moderna puede mostrar diferencias de productividad del 20% ya durante la primera semana de crianza, con mejoras en la conversión alimenticia que reducen costos y permiten competir mejor.
Para los Macchi, el futuro también pasa por transformar la manera en que se vende el pollo. Con un consumo que consideran cercano a un techo de 50 kilos por habitante al año, creen que todavía hay margen para crecer, pero no solamente a fuerza de bajar precios. La clave estará en sumar valor, mejorar los envases y ofrecer soluciones prácticas para hogares con menos tiempo y familias más pequeñas.
“Hay que buscar distintas maneras de venderlo. Si nos quedamos con lo que tenemos, ahí sí vamos a tener un techo”, plantearon. Entre las alternativas mencionaron productos condimentados, preparados y congelados individualmente, que permitan utilizar solamente la porción necesaria.
La apuesta de Qué Rico combina así tres objetivos: aumentar la eficiencia productiva, diversificar los negocios a partir de los subproductos y adaptar la oferta a nuevos hábitos de consumo. Una estrategia para que el pollo siga ganando espacio en la mesa argentina y, al mismo tiempo, encuentre mejores oportunidades en el mercado internacional.
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