Cómo producir más maíz y carne con menores emisiones por kilo
Un estudio sobre sistemas productivos de la región pampeana identificó diferencias importantes en los resultados económicos, productivos y ambientales. (NAP) Producir más no necesariamente implica generar más emisiones por cada...
Un estudio sobre sistemas productivos de la región pampeana identificó diferencias importantes en los resultados económicos, productivos y ambientales.
(NAP) Producir más no necesariamente implica generar más emisiones por cada kilo obtenido: Esa es una de las principales conclusiones de un trabajo del Consorcio Regional de Experimentación Agrícola que analizó sistemas de producción de maíz y de carne bovina de la región pampeana, con el objetivo de identificar las prácticas y características de manejo que permiten combinar productividad, rentabilidad y un mejor desempeño ambiental.
El estudio “Modelos productivos de carne y de maíz bajos en carbono” fue presentado por los ingenieros agrónomos, Pablo Cañada y Mercedes Vassallo, del área de Investigación y Desarrollo de CREA en la última Jornada a Campo que realizó el Ipcva en Córdoba.
El análisis se concretó a partir de información de establecimientos de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos y Santa Fe. Para el maíz se utilizaron datos de DAT CREA, la plataforma que reúne información sobre el manejo de los lotes agrícolas. En ganadería, la fuente fue GPG CREA, que registra indicadores productivos de los sistemas ganaderos.
“Lo que tenemos que buscar es alineación del sector productivo para empezar a mostrar la información que ya existe y poder entregarla a los tomadores de decisión”, señaló Cañada.
En los sistemas de maíz estudiados, los rendimientos promedio se ubicaron entre 22% y 34% por debajo de un valor de referencia denominado P95. Este valor corresponde al percentil 95 de los rendimientos considerados en el análisis y funciona como una referencia de desempeño productivo; no representa necesariamente el máximo rendimiento que puede alcanzar el cultivo.
“Lo que identificamos son aquellos casos de cultivos de maíz que, en la comparativa con todos los casos, tienen menor intensidad de emisiones de dióxido de carbono equivalente”, explicó Vassallo.
Las diferencias se observan al comparar los resultados de cada provincia y el momento de siembra. En Entre Ríos, por ejemplo, el maíz temprano registró un rendimiento promedio de 6.963 kilos por hectárea, frente a una referencia de 10.229 kilos. En Santa Fe, en cambio, el promedio llegó a 10.954 kilos por hectárea, frente a una referencia de 14.071 kilos.
Sin embargo, las diferencias fueron todavía mayores al medir las emisiones asociadas a la producción.
Para entenderlo, Cañada explicó que hay que distinguir entre las emisiones totales por hectárea y la intensidad de emisiones, que indica cuántos gases de efecto invernadero se generan para producir una determinada cantidad de grano. Este último indicador permite comparar la huella ambiental de sistemas con distintos niveles de producción.
En el maíz tardío de Buenos Aires, por ejemplo, la intensidad promedio fue de 214 kilos de CO? equivalente por tonelada de grano, frente a un valor de referencia de 77 kilos. Es decir, la intensidad promedio fue casi 2,8 veces la referencia.
El estudio también encontró que los mayores rendimientos tendieron a asociarse con menores emisiones por kilo producido, aunque esa relación no se repitió de la misma manera en todas las provincias ni en todos los sistemas de siembra. Esto indica que obtener más grano por hectárea no garantiza, por sí solo, una menor huella ambiental: también importa cómo se produce.
Entre los casos de mejor desempeño productivo, económico y ambiental se identificaron lotes ubicados en ambientes de alto potencial, con soja como cultivo antecesor -principalmente de segunda- y fertilización con nitrógeno y fósforo. Algunos establecimientos incorporaron además otros nutrientes, como azufre, potasio y zinc.
Estos resultados describen características comunes de los casos destacados, pero no demuestran que una práctica aislada explique por sí sola el desempeño alcanzado.
Impacto de la ganadería
En la actividad ganadera, el trabajo se concentró en sistemas de cría, es decir, aquellos dedicados principalmente a la reproducción y obtención de terneros.
En este caso, la comparación se realizó entre los establecimientos que obtuvieron los mejores resultados en un indicador que combina rentabilidad, eficiencia productiva e intensidad de emisiones y el resto de los casos analizados.
Los establecimientos mejor posicionados registraron una intensidad de emisiones de 13,8 kilos de CO? equivalente por kilo de peso de carne, frente a 19,3 kilos en los demás establecimientos. La diferencia equivale a una reducción de aproximadamente el 28% en las emisiones por unidad de producto.
Al mismo tiempo, los establecimientos destacados tuvieron una mayor eficiencia de stock -un indicador que relaciona la producción de carne con el rodeo-, más terneros destetados y de mayor peso, menores costos por kilo producido y una rentabilidad más elevada.
En concreto, la eficiencia de stock alcanzó el 40,3%, frente al 30% del resto de los casos. El peso al destete fue de 207 kilos por ternero, contra 156 kilos, mientras que la rentabilidad llegó al 13,2%, frente al 6,8%.
La explicación productiva es que una parte importante de los recursos que consume una vaca se destina a su mantenimiento, independientemente de cuánta carne produzca el sistema. Cuando se obtiene un ternero más pesado o se logra destetar una mayor proporción de los terneros posibles, ese costo de mantenimiento se distribuye entre más kilos producidos. Así, las emisiones por kilo de carne pueden disminuir sin que las emisiones totales aumenten en la misma proporción.
Entre los factores que pueden contribuir a mejorar estos resultados se encuentran el manejo reproductivo, la sanidad del rodeo, la disponibilidad y calidad del alimento, el manejo de los potreros y la reducción del tiempo que las vaquillonas tardan en alcanzar la edad de su primer servicio.
Los establecimientos con mejores resultados pertenecían a distintas regiones, lo que sugiere que el desempeño no depende exclusivamente de una ubicación geográfica, sino también de las decisiones de manejo y de la eficiencia con que se utilizan los recursos.
Los resultados de ambos análisis muestran que la productividad, la rentabilidad y las emisiones deben evaluarse en conjunto. En maíz, hubo sistemas que combinaron altos rendimientos con una menor intensidad de emisiones. En ganadería de cría, los establecimientos con mejores resultados productivos y económicos también presentaron menores emisiones por kilo de carne.
En las conclusiones, Cañada y Vassallo apuntaron que “el desafío es identificar qué prácticas permiten alcanzar esos resultados en cada sistema y región”, considerando sus condiciones productivas y económicas. Agregaron también que “el objetivo no es solamente reducir las emisiones, sino producir de manera más eficiente, aprovechar mejor los recursos disponibles y sostener la rentabilidad de los establecimientos”. (Noticias AgroPecuarias)